El almuerzo del Jubileo de los Pobres del pasado 16 de noviembre, presidido por el papa León XIV en el Aula Pablo VI, reunió —según cifras oficiales— a más de 1.300 personas en situación de pobreza o exclusión social: sin techo, migrantes, ancianos y destinatarios habituales de la caridad vaticana.
Pero entre los invitados había también un grupo muy visible: alrededor de 40–50 personas que se identifican como “mujeres trans”, varias de ellas convertidas en referentes mediáticos y activistas, con una larga trayectoria de contacto con el Vaticano durante el pontificado de Francisco.
La pregunta es inevitable: ¿qué hacían exactamente esos activistas trans en un almuerzo “para los pobres”?
Un grupo escogido: no simples “invitados cualquiera”
Medios como LifeSiteNews y otros portales ya habían adelantado que, entre los invitados, figuraba el activista trans italiano Alessia Nobile, acompañado de otros cuatro activistas, en lo que se describía como un almuerzo “oficial” con el Papa, en el marco del Jubileo de los Pobres.
La agencia italiana LaPresse confirmó que al evento asistirían “más de 40 personas trans”, invitadas como grupo, acompañadas por el sacerdote Andrea Conocchia, párroco de Torvaianica, conocido por su trabajo estable con la comunidad trans en la periferia de Roma.
Fuentes vaticanas subrayan que las entradas para el almuerzo se distribuyen a través de parroquias y organizaciones caritativas, sin listas públicas. Sin embargo, en este caso concreto, no se trató de personas que llegaran individualmente, sino de un grupo articulado, con líderes, acompañantes y cobertura previa en medios internacionales.
¿Quién es Alessia Nobile?
El rostro más conocido del grupo es Alessia Nobile (seudónimo de Alessia Vessia), nacido en Bari en 1979, autor, trabajador sexual y activista por los “derechos trans” en Italia.
Nobile ha publicado un libro autobiográfico, La bambina invisibile. Diario di una transizione, en el que narra su proceso de transición y su trayectoria personal. Es una figura habitual en medios italianos, conferencias y actos públicos, donde combina militancia LGTB, exposición mediática y presencia constante en el debate cultural.
En 2022 ya había sido recibido por el papa Francisco en una audiencia con otras personas trans, y el entonces pontífice llegó incluso a responderle con una carta personal, tratándolo como “querida hermana”, según recogieron distintos medios.
Es decir: no estamos ante un invitado anónimo recogido de la calle, sino ante un activista profesional, conocido, con trayectoria literaria y red mediática, que vuelve al Vaticano ahora con León XIV como rostro visible de la “inclusión” trans.
¿Y quién es Marcella Di Marco?
Otra de las personas citadas por la prensa es Marcella Di Marco, presentado en algunas crónicas como “mujer trans de 52 años”, que expresó cierta decepción por no haber sido situado en la mesa del Papa, pero interpretó el evento como señal de que “la Iglesia no va a cerrar la puerta que abrió Francisco”.
Lejos de ser una persona marginal sin recursos, Di Marco aparece en su propio perfil profesional como consultora de comunicación y “coach”, con experiencia en agencias y empresas de diversos sectores, incluida la moda, y presidente de una asociación juvenil (Ad Astra) dedicada a proyectos educativos.
Su presencia, por tanto, responde al perfil de activista de alto perfil y profesional de la comunicación que al de simple “pobre” asistido por la caridad vaticana.
La red detrás del grupo: Conocchia, sor Geneviève y la “comunidad trans” de Roma
El grupo no aparece de la nada. Detrás está un entramado conocido desde hace años: la parroquia de Torvaianica (periferia romana), donde el padre Andrea Conocchia acoge desde hace tiempo a personas trans, muchas de ellas migrantes y trabajadoras sexuales, a quienes durante la pandemia se ofreció ayuda material (comida, medicinas, productos de higiene).
Junto a él se mueve la religiosa sor Geneviève Jeanningros, de 81 años, una monja que vive en caravanas de feriantes en Ostia y que lleva décadas asistiendo a mujeres trans y feriantes en la costa del Lacio. Francisco la llamaba la “enfant terrible” y le permitió llevar regularmente grupos de homosexuales y transexuales a las audiencias generales de los miércoles.
Esta red estable y organizada —sacerdote, monja, grupo de “mujeres trans” romanas, activistas mediáticos— ha sido la puerta de entrada constante entre la comunidad trans y el Vaticano, primero con Francisco y ahora con León XIV.
¿Son “pobres” o son “signos” políticos?
El almuerzo del Jubileo se presenta oficialmente como un gesto de cercanía a los “pobres” y “excluidos”, y ciertamente varios de los asistentes trans proceden de contextos de marginalidad real: migración, prostitución, precariedad económica.
Sin embargo, la composición del grupo muestra algo más: activistas mediáticos como Nobile, con libro, presencia constante en TV y vínculos directos con dos papas; profesionales cualificados como Di Marco, con trayectoria en consultoría y proyectos educativos; una estructura pastoral pro-LGTB muy consolidada, con Conocchia y sor Geneviève como rostros visibles, que no ocultan su intención de consolidar una presencia estable de la agenda trans en el corazón del Vaticano.
Más que un grupo casual de invitados, nos encontramos con un colectivo cuidadosamente articulado, que funciona como símbolo político y pastoral en el marco de la llamada “Iglesia en salida” hacia los colectivos LGTB.
La lectura de los propios protagonistas
Tanto Nobile como otros asistentes interpretan el almuerzo como un signo de continuidad con la línea de Francisco. Antes del encuentro, Nobile declaró a medios italianos que esperaba pedir a León XIV que “no diera marcha atrás en los derechos” LGTB.
Tras el evento, varios participantes señalaron que, aunque León XIV es “distinto” de su predecesor y el gesto fue menos visible que con Francisco, perciben que “la puerta no se ha cerrado” y que el corazón del nuevo Papa “está abierto» hacia ellos.
En ese sentido, la pregunta inicial se responde por sí sola: no estaban allí “como pobres”, sino como interlocutores privilegiados de una estrategia de presencia y visibilidad, que lleva años construyéndose en los márgenes de Roma y ahora se sienta —literalmente— a la mesa del Papa.
