El Vaticano ha publicado los Informes intermedios de los diez Grupos de Estudio creados en 2024 para continuar el trabajo del Sínodo sobre la sinodalidad, un proceso que avanza entre ampliaciones temáticas, revisiones metodológicas y una creciente diversidad de líneas de trabajo. Los informes, difundidos el 17 de noviembre, muestran el estado actual de cada grupo y confirman que el itinerario sinodal se extenderá hasta finales de 2025. El papa León XIV ha fijado el 31 de diciembre de 2025 como fecha límite para la entrega de los documentos finales, después de que la muerte de Francisco y la elección del nuevo Pontífice provocaran retrasos en el calendario previsto.
Aunque el Vaticano presenta estos textos como un “avance” dentro del proceso, su extensión y la heterogeneidad de los temas revelan un panorama complejo, donde pastoral, estructura eclesial y cuestiones doctrinales se entremezclan en niveles muy distintos de prioridad. La sensación general es la de un proceso que sigue sumando capas sin cerrar las cuestiones de fondo que inquietan a una parte significativa del pueblo de Dios.
La continuación de un debate que la sinodalidad no logra cerrar
El tema de la participación de la mujer en la vida de la Iglesia sigue siendo uno de los puntos más cargados de expectativas dentro del proceso sinodal. El Grupo de Estudio 5, coordinado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ha dedicado meses a recoger testimonios, estudiar documentos y analizar experiencias de mujeres en puestos de responsabilidad pastoral y curial. Sin embargo, pese a la amplitud del material reunido, las cuestiones más sensibles continúan abiertas, especialmente el debate sobre el acceso de las mujeres al diaconado.
El informe intermedio muestra un esfuerzo notable por integrar voces diversas y reconocer la contribución histórica de las mujeres. Testimonios de religiosas, teólogas y laicas en funciones de liderazgo se suman a reflexiones sobre figuras femeninas del cristianismo, tensiones derivadas del clericalismo y los límites entre participación y sacramentalidad. Pero estos elementos, aun valiosos, no resuelven la pregunta central: si la Iglesia tiene o no autoridad para conferir el sacramento del orden —en su grado diaconal— a mujeres.
Sinodalidad y sacramento: dos ámbitos que no pueden mezclarse
El informe recuerda que Francisco reactivó la Comisión de Estudio sobre el Diaconado Femenino, pero omite mencionar la dificultad doctrinal fundamental: el diaconado pertenece al sacramento del orden, que la Iglesia ha enseñado de forma constante como reservado a los varones. La historia de las llamadas “diaconisas” en la Iglesia primitiva no equivale al grado sacramental del diaconado tal como existe hoy, y el magisterio lo ha explicado repetidas veces.
Presentar esta cuestión como una posibilidad abierta puede conducir a una lectura errónea de la tradición, y sobre todo a un enfoque funcionalista según el cual el servicio eclesial se mediría por acceso al orden sacramental. La vocación femenina no necesita ser clericalizada para ser valorada; la insistencia en este punto expresa más una presión cultural que una llamada del Espíritu.
