La Plenaria de la CEE arranca marcada por el “giro católico”, la defensa de la vida y silencio sobre el Valle de los Caídos

La Plenaria de la CEE arranca marcada por el “giro católico”, la defensa de la vida y silencio sobre el Valle de los Caídos

La Conferencia Episcopal Española abrió este martes 18 de noviembre su CXXVIII Asamblea Plenaria en Madrid, la primera bajo el pontificado de León XIV. El presidente de la CEE, Mons. Luis Argüello, pronunció un discurso inaugural amplio y cargado de referencias culturales, filosóficas y sociales. Pero que entre líneas, dejó tres ejes que definen el actual momento de la Iglesia en España: el llamado “giro católico”, la defensa de la vida frente al avance del aborto, y una revisión de los últimos 50 años de historia en la que no apareció ni una sola vez el Valle de los Caídos, pese a dedicar más de diez minutos a recordar la muerte de Franco y la transición democrática.

Un “giro católico” que despierta entusiasmo… y reservas

Mons. Argüello abordó de lleno el fenómeno mediático que varios comentaristas han etiquetado como “momento católico” o “giro católico”. Citó explícitamente artículos recientes y, apoyándose en ellos, habló de una atención renovada hacia lo religioso en ciertos sectores de la sociedad española, especialmente entre jóvenes.

Y añadió una reflexión de Juan Manuel de Prada, advirtiendo contra confundir moda con fe:

“Una Iglesia que está llamada siempre a estar pasada de moda, porque es sensata, porque parece estar atrasada, pero en realidad está adelantada a su tiempo.”

Su conclusión fue clara: el interés renovado por lo católico existe, pero sólo será fecundo si se acompaña de verdad, bondad y profundidad espiritual. De lo contrario —advirtió— corre el riesgo de convertirse en una simple estética emocional del momento.

La defensa de la vida: un diagnóstico duro sobre el aborto

Mons. Argüello denunció la banalización social del aborto, la pretensión de elevarlo a rango constitucional y la manipulación del debate público, “los poderes públicos no pueden mirar para otro lado y aunque regulen el aborto y lo hagan posible, no pueden declinar de su inexcusable deber de cuidar a los más débiles.”

Y añadió una frase que resonó con fuerza en la sala:

“El atajo del aborto para solucionar problemas que exigen políticas públicas en favor de la familia y de la vida es síntoma del debilitamiento moral de nuestra democracia.”

Argüello denunció también que se haya convertido en tabú hablar públicamente del aborto y que cualquier crítica racional sea tachada de extremismo. La defensa de la vida ocupó uno de los segmentos más extensos del discurso, con referencias científicas, filosóficas y sociopolíticas, subrayando que “nada justifica acabar con la vida de un ser humano en gestación” y que la Iglesia quiere acompañar tanto a la madre como al niño.

Cincuenta años desde la muerte de Franco… y un silencio elocuente sobre el Valle de los Caídos

Ojalá la misma energía e ímpetu se hubiesen empleado en el momento de hablar de la memoria y la defensa de unos de los espacios que hoy está en riesgo de ser «resinificado» precisamente por no hablar con claridad y determinación.

Uno de los momentos más extensos del discurso fue la reflexión sobre los cincuenta años transcurridos desde la muerte de Francisco Franco y la proclamación del rey Juan Carlos I. Argüello repasó el contexto histórico, la evolución política y la posición de la Iglesia en aquellos años: el final del nacionalcatolicismo, la figura del cardenal Tarancón, el despertar democrático y los cambios sociales, finalmente, mirando hacia el futuro y la celebración del los 50 años de la Constitución en 2028, afirmó:

“Estos próximos tres años deberían ser de «purificación de la memoria» contaminada por los sesgos ideológicos de las leyes de memoria histórica y democrática que, justamente, quieren rehabilitar y honrar a víctimas de la dictadura y enterrar dignamente a quien seguían en fosas y cunetas, pero son, principalmente, un instrumento de polarización ideológica al servicio de los intereses políticos del presente más que cauce para ahondar en la reconciliación que los años de la Transición lograron, en gran parte.”

En un discurso de más de diez minutos sobre memoria histórica, que omita el Valle, el silencio no es accidental. Es una decisión, y transmite un mensaje: la CEE prefiere no entrar en un conflicto que implica directamente la defensa de espacios sagrados y de la libertad religiosa porque son ellos mismos quienes han negociado el Valle.

Una Asamblea que llega en medio de un clima de redefinición

Ya finalizando, Argüello mencionó los temas habituales —líneas pastorales, educación, abusos, vida pública—, pero el discurso inaugural deja claro el marco en el que los obispos desean situar a la Iglesia: una institución presente culturalmente pero que, en cuestiones sensibles como el Valle de los Caídos, opta por el silencio.

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