La ONU a la Iglesia en la COP30: “Sigan hablando alto”

La ONU a la Iglesia en la COP30: “Sigan hablando alto”

En plena COP30 —que transcurre del 10 al 21 de noviembre en Belém— la Iglesia católica ha recibido un inusual reconocimiento por parte de Naciones Unidas. Gustau Mañez Gomis, jefe de gabinete de la Conferencia de las Partes (COP), elogió el papel creciente de la Iglesia en el debate climático y pidió abiertamente a sus representantes: “Sigan hablando alto”. Según afirmó en nombre de Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (CMNUCC), cuando la Iglesia interviene en este ámbito, “la política escucha”.

Una referencia para todas las religiones

Mañez destacó el “liderazgo moral” que, a su juicio, han ejercido el papa Francisco y ahora el papa León XIV a través de documentos como Laudato si’ y Laudate Deum, textos que calificó como “referencias inspiradoras para todas las religiones”. Las declaraciones se produjeron al cierre del panel La voz profética de la Iglesia en el cuidado de la casa común, donde tres cardenales del Sur Global entregaron oficialmente a la ONU su nuevo mensaje conjunto para esta cumbre climática.

En nombre de Simon Stiell, secretario ejecutivo de la CMNUCC, Mañez Gomis elogió “el liderazgo fundamental” ejercido por la Iglesia en los últimos años y calificó Laudato si’ y Laudate Deum como textos de referencia para “todas las religiones del mundo”. Para la ONU, la voz de la Iglesia tiene un peso singular en la orientación de la opinión pública, especialmente en regiones donde la fe sigue siendo un actor decisivo.

¿Ahora estamos en la misma línea?

La ONU, en numerosas ocasiones, ha impulsado políticas contrarias a la enseñanza católica en temas esenciales como la vida, la familia y la libertad educativa. Que ahora solicite a la Iglesia “hablar más alto” en materia climática sugiere una expectativa de alineamiento con el marco ideológico de la gobernanza ambiental global.

Este escenario exige discernimiento. La misión de la Iglesia no consiste en convertirse en un actor subordinado dentro del sistema de decisiones internacionales, sino en ofrecer una perspectiva moral que no dependa de la aceptación de organismos multilaterales. La defensa de la casa común es parte de la visión cristiana; la adhesión acrítica a agendas globales, no.

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