La Diócesis de Austin (Texas) ha emitido un memorando, firmado por el Vicario General, P. James A. Misko, en el que ordena a los párrocos discontinuar el uso de reclinatorios (prie-dieu) durante la distribución de la Sagrada Comunión. El documento, fechado el 12 de noviembre de 2025 y dirigido a todos los pastores, ha generado inquietud entre fieles y sacerdotes que ven en esta medida un intento de desalentar la Comunión de rodillas, una práctica legítima en la Iglesia universal.
Según el memorando, algunos sacerdotes habían colocado un reclinatorio para facilitar a los fieles que desean comulgar de rodillas, especialmente a quienes tienen dificultad para levantarse después de recibir la Eucaristía. Sin embargo, el vicario general afirma que, en estos casos, el sacerdote debe más bien “tener una conversación pastoral” y recomendar a la persona recibir la Comunión de pie, asegurando que “no ofende a Dios” por hacerlo.
Una instrucción que contradice la libertad del fiel y genera presión indebida
El documento atribuye la decisión al obispo Daniel E. Garcia, quien pide explícitamente que la práctica de colocar un reclinatorio sea discontinuada. El texto argumenta tres razones:
Primero, cita el GIRM 160, recordando que en Estados Unidos la norma es comulgar de pie, aunque reconoce —como indica la ley universal— que cualquier fiel puede comulgar de rodillas si lo desea.
Segundo, sostiene que el reclinatorio “podría confundir a los fieles” sobre lo que es normativo.
Tercero, afirma que su presencia “podría presionar” a algunos a recibir arrodillados contra su voluntad.
Esta línea argumentativa ha sido criticada en diversos ambientes eclesiales por partir de una premisa problemática: suprimir un medio pastoral para evitar que otros se sientan “presionados” por el ejemplo de quienes quieren adorar a Cristo de rodillas, cuando la Iglesia ha insistido reiteradamente en que ningún fiel puede ser reprendido, menos aún impedido, por comulgar de rodillas.
Se insiste en arrodillarse “si se desea”, pero sin facilitarlo
Aunque el memorando reconoce la reverencia de los fieles que desean arrodillarse y afirma que es “permitido” hacerlo, al mismo tiempo insiste en que debe catequizarse para que los fieles comprendan que se recibe con la misma reverencia estando de pie, y añade que los sacerdotes, diáconos y líderes laicos no deben dar énfasis a la Comunión de rodillas.
El resultado práctico es evidente: se afirma que se puede comulgar de rodillas, pero se retira el medio que lo facilita, se recomienda no promoverlo y se anima al fiel a ponerse de pie.

