La ciudad de Crato, en el noreste de Brasil, inauguró este jueves la estatua más grande del mundo dedicada a Nuestra Señora de Fátima, una obra monumental que se alza con 54 metros de altura, el equivalente a un edificio de quince plantas. El nuevo monumento, visible desde gran parte de la región, busca expresar la profunda devoción mariana que caracteriza a la población local y consolidar el lugar como un espacio de peregrinación.
La escultura, construida con un núcleo de poliuretano y un revestimiento exterior de fibra de vidrio y resina, fue elaborada por partes y ensamblada en Crato como un gran rompecabezas tridimensional. Su creación requirió un año y cinco meses de trabajo y la participación de más de treinta profesionales. Paralelamente, se levantó un nuevo santuario, que incluye servicios para peregrinos y una réplica de la Capilla de las Apariciones de Fátima, en Portugal.
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Una obra para renovar el llamado a la paz
Durante la ceremonia de inauguración, que reunió a miles de fieles, el obispo de Crato, Magnus Henrique Lopes, destacó el significado espiritual del proyecto.
“Nuestra Señora de Fátima pide conversión y oración por la paz del mundo”, afirmó. Recordó además que la búsqueda de la paz “comienza en el corazón”, y que la devoción mariana puede fortalecer la vida interior de los fieles.
Autoridades locales y nacionales también participaron en el evento. El ministro de Educación, Camilo Santana, subrayó que el monumento invita a la reflexión en un mundo necesitado de tolerancia y fraternidad.
Un vínculo construido a lo largo de siete décadas
La devoción a Nuestra Señora de Fátima en Crato no es reciente. Comenzó en 1953, cuando la ciudad recibió por primera vez la imagen peregrina enviada desde Portugal. Aquel acontecimiento congregó a multitudes y dio origen a una fuerte tradición mariana. Poco después, la catedral de Crato recibió una réplica de la imagen original de la Capilla de las Apariciones, fortaleciendo aún más el vínculo con el santuario portugués.
Con el paso de los años, se erigieron parroquias bajo esta advocación y diversos espacios públicos fueron nombrados en honor de la Virgen. En 2014, la ciudad inauguró una estatua de 44 metros, entonces la mayor del país, pero su diseño generó críticas y surgió el deseo de reemplazarla por una imagen más fiel.
El escultor: fe, dolor y vocación
El responsable de la nueva obra es el escultor brasileño Ranilson Viana, de 38 años. Nacido en un entorno humilde y criado por sus abuelos maternos, Viana descubrió su vocación artística en circunstancias difíciles. Su primera escultura la realizó para obtener recursos mientras esperaba el nacimiento de su primer hijo, que falleció poco después.
Aquel dolor —según explica— le ayudó a reconocer el camino al que estaba llamado.
“Trabajar en esta pieza fue para mí una forma de oración en movimiento”, afirmó Viana al National Catholic Register. Su abuela, gran devota de Nuestra Señora de Fátima, influyó decisivamente en su fe y en su sensibilidad religiosa. El escultor asegura que distintas personas le han contado cómo sus obras han transformado sus vidas, reforzando su deseo de que el arte sacro pueda acercar a otros a Dios.
Un proyecto acompañado desde Fátima
El rector del Santuario de Fátima en Portugal, Padre Carlos Cabecinhas, expresó su admiración por la devoción mariana en Brasil y confirmó que apoyó el proyecto desde el inicio. Señaló que espera visitar pronto el monumento.
Para la inauguración, la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima volvió a Crato más de 70 años después de su primera visita, reforzando el simbolismo del momento.
