En su artículo María “Corredentora” en san Alfonso María de Ligorio, publicado en el volumen 5 de la revista Ecce Mater Tua, el obispo argentino Antonio Baseotto, C.Ss.R. (Q.E.P.D), rescata el pensamiento del doctor de la Iglesia redentorista sobre la cooperación única de la Virgen María en la obra de la salvación.
El estudio recuerda que san Alfonso —autor de Las glorias de María— defendió con claridad la participación materna de la Virgen en el sacrificio de Cristo, al punto de afirmar que María ofreció voluntariamente a su Hijo por la redención del mundo, uniéndose a su Pasión como “instrumento unido” de la gracia divina.
El amor redentor de la Madre
Baseotto cita la introducción de Las glorias de María, en la que san Alfonso se dirige directamente a Cristo y a su Madre con tono de oración:
“Dulcísima Señora y Madre mía, bien sabéis que en Vos, después de Jesús, coloqué toda mi esperanza de eterna salvación, pues todo mi bien […] reconozco haberlo recibido por vuestra mediación.”
El obispo subraya que esta convicción no es devocional sino teológica: María aparece como abogada, mediadora y corredentora, funciones inseparables de su maternidad espiritual.
El santo napolitano —afirma Baseotto— escribió su obra tras dieciséis años de investigación y estudio, apoyándose en la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia y los grandes teólogos marianos.
Una doctrina fundada en la unión con Cristo
San Alfonso enseña que María comenzó su misión corredentora de modo explícito al presentar a su Hijo en el templo:
“Eterno Padre, que muera mi Hijo […] consiento en que pierda la vida por vuestra gloria y la salvación del mundo.”
Y añade —siguiendo a san Buenaventura— que en el Calvario hubo dos altares: uno en el cuerpo de Jesús y otro en el corazón de María. Ambos, Madre e Hijo, ofrecieron un solo sacrificio: Cristo satisfaciendo por las culpas, y María mereciendo que esa satisfacción se aplicara a los hombres.
Baseotto recuerda también que san Alfonso recoge títulos antiguos —de san Epifanio, san Ildefonso, san Germán y san Ambrosio— que describen a la Virgen como “Redentora de los cautivos” y “Reparadora del mundo perdido”, confirmando así una tradición ininterrumpida sobre su papel singular en la economía de la gracia.
María, unida a la Cruz
En la parte más profunda de su análisis, el obispo argentino cita a san Buenaventura y a Ricardo de San Lorenzo:
“No bastaba para rescatarnos un Dios crucificado; quiso también ser crucificada su Madre, que por amor a nosotros cooperó a nuestra salvación, ofreciendo sus dolores como mérito ante Dios.”
Así, la corredención mariana no resta nada al sacrificio de Cristo, sino que lo manifiesta en su plenitud de amor. María no es causa paralela sino colaboradora subordinada, como afirma la teología tradicional: participa “no por necesidad, sino por gracia y por amor”.
Actualidad teológica
El texto de Baseotto, escrito hace años pero hoy de enorme vigencia, contrasta con el tono ambiguo de la reciente Nota doctrinal “Mater Populi Fidelis”, que evita los títulos de Corredentora y Mediadora.
Frente a esa cautela, el estudio de Ecce Mater Tua muestra cómo los grandes doctores —especialmente san Alfonso— enseñaron con certeza que María cooperó de modo singular y real en la redención, en perfecta unión con el Redentor.
En palabras de Pío XII, que proclamó a san Alfonso patrono de moralistas y confesores, la doctrina del santo “brilla por su equilibrio entre rigor dogmático y ternura filial hacia la Madre del Salvador”.
