El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK), Georg Bätzing, reconoció en un acto en Mainz que la Iglesia en Alemania “queda muchas veces por detrás de su propia exigencia”, especialmente en lo referente a la gestión de los casos de abusos. A su juicio, la pérdida de confianza es “masiva” cuando la impresión pública es que la reparación a las víctimas y la investigación siguen avanzando de forma “lenta y a medias”.
Sin embargo, el obispo de Limburg no entró a examinar las raíces profundas de esta crisis de credibilidad, que no pocos analistas asocian también a la deriva doctrinal y pastoral del llamado Camino Sinodal alemán. Bätzing insistió en que la transparencia es “criterio decisivo” para recuperar la confianza social, pero pasó por alto el hecho de que la desorientación doctrinal y el cuestionamiento de la enseñanza católica han contribuido también a erosionar la credibilidad de la Iglesia alemana.
Un diagnóstico de crisis que apunta hacia fuera
En su intervención durante el tradicional Martinsempfang de la Iglesia en Renania-Palatinado, Bätzing amplió su análisis a la política y a la sociedad, alertando de un clima de “desconfianza, agresión y división” que afecta al conjunto del país. Llegó incluso a expresar preocupación por el futuro de la democracia y la estabilidad de los valores que sustentan la convivencia.
El tono general apuntó a un problema estructural compartido por instituciones civiles y religiosas, lo que, en la práctica, diluye la responsabilidad específica de la Iglesia alemana en su propio proceso de erosión pública.
Apuesta por alianzas políticas y sociales
Ante autoridades del land, incluido el ministro-presidente Alexander Schweitzer (SPD), Bätzing defendió la necesidad de crear “cooperaciones” entre actores que trabajen por la esperanza y la cohesión social. De nuevo, el mensaje quedó anclado en propuestas generalistas, más cercanas al discurso político que a un examen autocrítico de la institución eclesial.
Schweitzer, por su parte, llamó a abandonar la “nostalgia tóxica” del pasado y pidió ofrecer a los ciudadanos “una propuesta emocional de futuro”. Señaló la dedicación de millones de voluntarios como ejemplo de compromiso social y reclamó apoyo para quienes contribuyen activamente al bien común.
Un discurso que evita la raíz del problema
Aunque Bätzing subrayó la importancia de la transparencia en la gestión de abusos, no mencionó el impacto que está teniendo el Camino Sinodal —con propuestas contrarias a la doctrina católica en materia de sexualidad, moral y estructura sacramental— en la pérdida de fieles, el cierre masivo de parroquias y la rápida secularización del catolicismo alemán.
La apelación a alianzas sociales y a un clima político más constructivo puede sonar correcta, pero deja sin responder la cuestión central: la Iglesia en Alemania no solo sufre una crisis de confianza; sufre una crisis de identidad. Y mientras sus líderes insistan en reformular la doctrina en vez de proclamarla, difícilmente podrán recuperar la credibilidad perdida.
