El arzobispo de Santo Domingo, mons. Francisco Ozoria Acosta, ha hecho pública una carta en la que denuncia que ha sido “despojado” de sus responsabilidades de gobierno en la arquidiócesis por disposición de la Santa Sede, que ha transferido estas facultades al recientemente nombrado arzobispo coadjutor, mons. Carlos Tomás Morel Diplán. Aunque conservará el título de arzobispo metropolitano, Ozoria afirma que se le ha retirado la potestad administrativa, económica, financiera y de gestión del clero, una decisión que atribuye a un decreto por “mala administración”.
La información fue confirmada inicialmente por medios dominicanos y ampliada en un despacho de la agencia EFE, que señala que Morel Diplán asumió el lunes las funciones prácticas del Arzobispado. El propio Ozoria, de 73 años, explicó que él mismo había solicitado el nombramiento de un coadjutor para asegurar la continuidad pastoral, pero aseguró que no esperaba que la Santa Sede limitara de forma tan drástica sus facultades antes de cumplir los 75 años y presentar su renuncia formal.
Una decisión inusual que recuerda a intervenciones previas del pontificado
El portal Secretum Meum Mihi señaló que el caso había levantado suspicacias desde el primer momento, pues Morel Diplán fue trasladado a Santo Domingo apenas un año después de haber sido nombrado obispo de La Vega. Para el medio, la situación recuerda intervenciones similares ocurridas durante el actual pontificado, como el caso de la diócesis de Fréjus-Toulon en Francia, donde el obispo titular también quedó reducido a un papel honorífico mientras su coadjutor asumía el gobierno efectivo.
En su carta, Ozoria admite que la situación le tomó por sorpresa: “Mi sorpresa es que el Arzobispo Coadjutor nombrado tiene unas facultades especiales exclusivas”, lo cual implica su propia suspensión de gobierno en los ámbitos señalados desde la toma de posesión del nuevo coadjutor. Según afirma, la Santa Sede lo ha suspendido “por mala administración”, aunque asegura que “nunca se me amonestó o advirtió”.
“Han vencido los enemigos”: acusaciones previas y ausencia de advertencias formales
En el texto, el arzobispo revela que en una visita anterior, el cardenal Marc Ouellet —entonces prefecto del Dicasterio para los Obispos— le habló de “unas acusaciones” en su contra y le advirtió: “Usted tiene muchos enemigos. Han vencido los enemigos”. Ozoria sostiene que jamás recibió una advertencia oficial ni un proceso canónico que justificara la suspensión de sus atribuciones.
El arzobispo, que asumió en 2016 tras la jubilación del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, asegura que mantiene la “satisfacción del deber cumplido” tras 47 años como sacerdote y 28 como obispo. Se declara obediente a la Iglesia, aunque deja claro su desacuerdo con la forma en que se ha gestionado el proceso: “A mí me han dejado solo el título… Lo que menos me ha gustado, los títulos”.
Una salida anticipada que abre un nuevo escenario en la Iglesia dominicana
La intervención en la arquidiócesis de Santo Domingo supone un relevo adelantado y poco habitual en la administración de la Iglesia, especialmente tratándose de un arzobispo con dos años por delante antes de la edad canónica de retiro. La carta de Ozoria confirma que el proceso no fue voluntario y que la transferencia de poderes responde a razones que no han sido explicadas públicamente por el Vaticano más allá de la mención a la “mala administración”.
El arzobispo concluye su mensaje agradeciendo a los fieles y reafirmando su obediencia: “Yo me debo a la Iglesia, amo la Iglesia y obedezco a la Iglesia”. A falta de explicaciones oficiales adicionales, el caso está generando un significativo impacto en el país y en el entorno eclesial de América Latina, donde la figura de Ozoria tenía un peso considerable como primado de América.
