El Instituto Lepanto ha publicado un informe en el que denuncia que la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD) —el programa oficial de lucha contra la pobreza de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB)— destinó casi un millón de dólares a una organización implicada directamente en actividades que promueven el aborto y las cirugías de “cambio de sexo”.
Según el informe, la United Workers Association (UWA) ha recibido 760.000 dólares en subvenciones de la CCHD desde 2004. Sin embargo, la organización financia y dirige dos proyectos que defienden abiertamente el financiamiento público de Planned Parenthood y la inclusión de los abortos y las operaciones de reasignación de sexo dentro de los programas de Medicaid.
“Yo mismo informé a altos cargos de la USCCB en 2011 de que la UWA apoyaba el matrimonio entre personas del mismo sexo junto a Equality Maryland”, explicó Michael Hichborn, presidente del Lepanto Institute.
“Me aseguraron que se trataba de un error, pero después de aportar las actas de las reuniones de la UWA, mis preocupaciones fueron ignoradas. Ahora vemos que el financiamiento continuó y que la organización impulsa males morales gravísimos”, añadió.
Dos proyectos bajo el amparo de la UWA
El informe detalla que, según los documentos fiscales de la UWA, la organización es fundadora y patrocinadora legal de dos grupos activistas:
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Put People First – PA! (PPF-PA),
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y Healthcare is a Human Right – Maryland (HCHR-MD).
Ambos promueven el aborto como un “derecho humano” y exigen la financiación estatal de abortos y procedimientos de “transición de género”.
El propio perfil de Facebook de PPF-PA está administrado por la UWA, lo que evidencia —según el Lepanto Institute— su control directo sobre el contenido ideológico del grupo. En manifestaciones y comunicados públicos, PPF-PA ha reclamado “fondos federales para Planned Parenthood” y ha defendido el aborto como un derecho constitucional.
De modo similar, HCHR-MD realiza campañas en favor del “derecho al aborto” y de la llamada “atención médica afirmativa de género”, utilizando el lenguaje propio de los movimientos ideológicos contrarios a la moral católica.
Una política de subvenciones cuestionada
Hichborn advirtió que este caso no es aislado:
“Solo en los últimos tres años, hemos identificado 66 organizaciones problemáticas recibiendo fondos de la CCHD. Eso representa el 31% de las 211 entidades beneficiadas en ese periodo.”
El investigador denunció que la campaña episcopal ha sido repetidamente cómplice de causas contrarias al Evangelio:
“Desde su primer año de existencia, la CCHD ha financiado una y otra vez a los enemigos de la Cruz de Cristo. Tras 50 años, ha llegado el momento de poner fin a este programa.”
El Lepanto Institute mantiene su llamamiento a los obispos estadounidenses para que retiren a sus diócesis de la CCHD y reclamen su cierre definitivo y permanente.
Cada dólar entregado a estas entidades mancha la credibilidad moral de la Iglesia y pone en cuestión su testimonio ante los fieles. El dinero destinado a los pobres no puede terminar sosteniendo estructuras de pecado que destruyen vidas inocentes.
El llamado de Lepanto Institute es, en realidad, una llamada a la purificación: una exigencia de transparencia y fidelidad evangélica en la administración de los recursos de la Iglesia.
