Respetuosos sí; obsecuentes no: una lección cristera de relación con el clero

La conversación entre el padre Castro y Anacleto González Flores, según Javier Olivera Ravasi

Respetuosos sí; obsecuentes no: una lección cristera de relación con el clero

En La contrarrevolución cristera, de Javier Olivera Ravasi, se reproduce una de las escenas más reveladoras del temple moral del catolicismo mexicano durante la persecución religiosa.

El episodio transcurre en los meses más tensos de la Cristiada, cuando el movimiento laico organizado —liderado por figuras como Anacleto González Flores— había asumido una responsabilidad inmensa: sostener la causa de Cristo Rey sin perder la fidelidad a la Iglesia.En una conversación recogida por Olivera Ravasi, un sacerdote, el padre Castro, busca a Anacleto para pedirle que retire de las páginas del periódico Gladium el nombre de un supuesto masón, Alfonso Emparan. El diálogo, breve y denso, muestra la tensión entre prudencia clerical y rigor laical, entre la diplomacia y la verdad.

El diálogo

P. Castro: Maestro, lo he andado buscando.

Anacleto: A sus órdenes, Padre.

Padre: Mi asunto es muy sencillo. En el periódico de ustedes aparece en la lista negra de masones Alfonso Emparan. Yo le he prometido que lo quitarán de ella porque Alfonso Emparan no es masón.

Anacleto: En la Secretaría de la Unión Popular existe el dato fehaciente, Padre. Alfonso Emparan es masón. Conocemos de sobra la grave responsabilidad que tendríamos si publicáramos con ligereza su nombre faltándonos pruebas.

Padre: Pues cometen ustedes una injusticia; porque si algún tiempo perteneció a la masonería, hoy no pertenece.

Anacleto: Estoy dispuesto a retirar su nombre y ponerle un anuncio gratis, si hace una retractación pública a nuestra satisfacción.

Padre: No lo cree necesario. Alfonso Emparan se confesó conmigo.

Anacleto: Perdóneme la franqueza, Padre: para confesar en la boca, Alfonso Emparan, como cualquier masón, sólo es capaz de confesarse, no de recibir órdenes menores. Emparan seguirá apareciendo en las listas negras.

Una ética sin dobleces

El tono es firme, sin insolencia; el criterio, inquebrantable. Ahí está la línea entre la obediencia cristiana y el servilismo clerical.

Olivera Ravasi subraya que el movimiento cristero no fue sólo una reacción armada, sino una revolución espiritual que despertó en el laicado un sentido de responsabilidad adulta. No se trataba de reemplazar a los pastores, sino de recordar —con hechos— que la fidelidad al Evangelio no se subordina a la conveniencia.

La contrarrevolución cristera. La historia de los católicos que se alzaron contra la persecución (México 1926–1929) —edición Homo Legens— combina rigor histórico y una prosa vibrante.

Si quieres entender por qué el laicado mexicano se hizo adulto en la prueba, este libro de Javier Olivera Ravasi es imprescindible.

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