España recuerda a los mártires del siglo XX: testigos de fe y perdón en tiempos de persecución

España recuerda a los mártires del siglo XX: testigos de fe y perdón en tiempos de persecución

La Iglesia en España celebra este 6 de noviembre la Conmemoración de los mártires de la persecución religiosa del siglo XX, una jornada litúrgica instituida para recordar a los miles de católicos que murieron por su fe durante los años de violencia y odio religioso en la década de 1930.

Entre ellos se cuentan obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que dieron testimonio de fidelidad a Cristo hasta las últimas consecuencias. Muchos fueron asesinados tras negarse a renegar de su fe o a abandonar su ministerio.

El reconocimiento eclesial de su martirio comenzó décadas después, con un proceso largo y riguroso que aún continúa. Según los datos recopilados por la Conferencia Episcopal Española, 2.053 hombres y mujeres han sido ya declarados mártires: 12 canonizados y 2.041 beatificados en 11 ceremonias celebradas desde 1987.

Un tiempo de persecución y fe

La persecución religiosa no fue un fenómeno aislado ni espontáneo. Se extendió por casi toda España y afectó gravemente a la vida de la Iglesia. Durante los años de la Segunda República y la Guerra Civil, templos, conventos y colegios religiosos fueron incendiados o destruidos. Miles de sacerdotes y religiosos fueron apresados o ejecutados simplemente por llevar el hábito o ejercer su ministerio.

Pese a ello, el testimonio que dejaron no fue de rencor, sino de fidelidad y perdón. En numerosas cartas y notas escritas poco antes de su muerte, muchos mártires expresaron su deseo de morir perdonando a sus perseguidores y ofreciendo su sufrimiento por la reconciliación de España.

“No guardo odio a nadie. Muero perdonando a todos”, escribió el obispo Salvio Huix Miralpeix, de Lleida, antes de ser fusilado en agosto de 1936.

De las fosas al altar

Las causas de beatificación comenzaron a organizarse de forma sistemática en la década de 1950, tras la guerra, aunque el primer reconocimiento oficial de la Santa Sede llegó más tarde. El papa san Juan Pablo II beatificó en 1987 a tres carmelitas de Guadalajara, abriendo así un proceso que se aceleraría en los pontificados posteriores.

Entre las beatificaciones más significativas se encuentra la de los 498 mártires de España, proclamada por Benedicto XVI en 2007, en la que participaron delegaciones de todas las diócesis españolas. En 2013, el papa Francisco aprobó la beatificación de 522 nuevos mártires, entre ellos numerosos jóvenes seminaristas, catequistas y religiosos.

La más reciente, celebrada en 2022, elevó a los altares a un nuevo grupo de 20 mártires procedentes de Almería y Granada. En total, más de 40 diócesis españolas han participado en procesos de beatificación relacionados con la persecución religiosa.

Diócesis y comunidades más afectadas

Las regiones más golpeadas fueron Cataluña, Aragón, Valencia y Andalucía oriental. En Barcelona, por ejemplo, más de 300 religiosos fueron asesinados en los primeros meses de la guerra. En Barbastro, 51 claretianos —en su mayoría seminaristas— fueron martirizados en 1936 tras semanas de cautiverio y oración.

En Toledo, uno de los seminarios más numerosos de Europa en aquel momento, casi un centenar de seminaristas perdieron la vida. En la diócesis de Madrid-Alcalá, más de 400 sacerdotes y religiosos fueron ejecutados.

A pesar de las diferencias regionales, todas las diócesis españolas conservan nombres propios de mártires locales, cuya memoria se mantiene viva en placas, reliquias y actos litúrgicos.

Un testimonio que trasciende el tiempo

El recuerdo de los mártires españoles no se limita a la devoción local. Para la Iglesia universal, su testimonio representa una de las manifestaciones más claras de fidelidad al Evangelio en tiempos modernos. La Santa Sede ha subrayado en distintas ocasiones que su sacrificio no debe interpretarse en clave política, sino como un acto de fe y perdón radical.

Hoy, el ejemplo de estos hombres y mujeres sigue interpelando a los creyentes: mantener la fe en medio de la hostilidad, testimoniar la verdad sin miedo y responder al odio con caridad.

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