La Catedral de la Almudena acogerá el próximo 20 de noviembre una celebración ecuménica con motivo del 1700 aniversario del Concilio de Nicea, el primer concilio ecuménico de la Iglesia, aquel que definió solemnemente la divinidad de Jesucristo frente a la herejía arriana. El acto, impulsado por la Conferencia Episcopal Española (CEE), reunirá a representantes de las principales confesiones cristianas presentes en España. Orarán juntos y presentarán una declaración común, fruto de un diálogo paciente y no exento de diferencias.
Nicea, cimiento de la fe frente a la confusión
Hace diecisiete siglos, la Iglesia se jugaba su identidad. El arrianismo negaba que Jesucristo fuese consustancial al Padre, reduciéndolo a una criatura excelsa, pero no divina. De aquella crisis, gracias al coraje de obispos como san Atanasio y a la providencia de Dios, surgió el Credo Niceno, que desde entonces los católicos recitamos cada domingo:
“Engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre.”
Aquella definición no nació de un consenso diplomático, sino de una lucha por la verdad. Los Padres conciliares no buscaron una fórmula “aceptable para todos”, sino una afirmación clara que expulsó del campo de la fe al error. Ese es el espíritu que hoy parece olvidarse cuando se celebra el ecumenismo como un fin en sí mismo.
Una conmemoración con sentido teológico
La Declaración conjunta que se leerá durante el acto ecuménico de la Almudena ha sido elaborada por la Subcomisión Episcopal para las Relaciones Interconfesionales y el Diálogo Interreligioso, presidida por Monseñor Ramón Valdivia, y aprobada por la Comisión Permanente de la CEE.
Según adelantó COPE, el texto quiere ser un “signo de comunión y de esperanza”.
Es cierto que el diálogo entre cristianos no puede reducirse a gestos simbólicos. Pero también lo es que la comunión visible comienza siempre con la búsqueda humilde de lo que une, y Nicea —con su definición de fe trinitaria— es el mayor punto de encuentro entre Oriente y Occidente.
Sin embargo, es necesario recordar que la experiencia del siglo XX —y lo que llevamos del XXI— demuestra que ese tipo de ecumenismo tiende más a relativizar la verdad.
Como advirtió Benedicto XVI, “la mejor forma de ecumenismo consiste en vivir según el Evangelio”.
Un signo de esperanza en tiempos de división
En medio de un contexto marcado por tensiones religiosas y culturales, la oración conjunta en Madrid será una llamada a la unidad en lo esencial y a la fidelidad al Credo que desde Nicea sigue siendo la confesión común de todos los bautizados.
Si la Almudena se llena el 20 de noviembre, que no sea para celebrar un diálogo estéril, sino para confesar, una vez más y con voz clara:
“Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero.”
Solo así habrá auténtica unidad, porque solo así habrá auténtica fe.
