El obispo de San Sebastián declara el tercer domingo de noviembre como día de oración por los difuntos de la diócesis

El obispo de San Sebastián declara el tercer domingo de noviembre como día de oración por los difuntos de la diócesis

El obispo de San Sebastián, monseñor Fernando Prado Ayuso, CMF, ha decretado que a partir de este año el tercer domingo de noviembre se celebre en toda la diócesis un día de oración especial por los difuntos, una jornada que buscará unir en la fe a toda la comunidad diocesana en torno a la memoria de quienes los precedieron.

El decreto, firmado el 22 de octubre de 2025, memoria litúrgica de san Juan Pablo II, dispone que la oración se realice “ya desde las primeras Vísperas”, en todas las parroquias, iglesias, comunidades religiosas y centros de culto de la diócesis.

Una tradición de misericordia

El texto recuerda que noviembre es, por tradición, el mes que la Iglesia dedica a orar por los difuntos, un tiempo que comienza con la Solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre) y continúa con la Conmemoración de los fieles difuntos (2 de noviembre).

Monseñor Prado destaca que esta práctica no solo es una obra de misericordia espiritual, sino también una oportunidad para “fomentar el espíritu de familia” dentro de la diócesis, recordando especialmente “a quienes nos transmitieron la fe”.

“El orar por nuestros difuntos —escribe el obispo— nos ayuda a mantener viva la comunión entre las generaciones que formamos la Iglesia, y a agradecer el testimonio de quienes nos precedieron en la fe y en el servicio pastoral.”

La oración común por los difuntos

El decreto establece que en la liturgia de ese domingo se incluya de manera obligatoria una intención particular en la Oración de los fieles tanto de la Liturgia de las Horas como de la Eucaristía, con la siguiente fórmula:

“Por todos los difuntos de nuestra diócesis, en especial por quienes de generación en generación nos transmitieron la fe; para que compartan con los santos las alegrías del cielo. Oremos.”

Esta oración —que podrá ser repetida en las comunidades religiosas y centros diocesanos— busca consolidar la memoria espiritual de la diócesis, reconociendo el vínculo invisible que une a los fieles vivos y a los difuntos en la comunión de los santos.

Un signo de comunión eclesial

La institución de este “Día diocesano de oración por los difuntos” se convierte así en una invitación a redescubrir la comunión de los santos en clave local: rezar juntos, agradecer juntos y esperar juntos.

El decreto concluye con la orden de su publicación oficial y con la invocación de la intercesión de san Juan Pablo II, en cuya memoria fue firmado.

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