Según informó Catholic News Agency (CNA), la diócesis de Cleveland (Ohio, Estados Unidos) ha recibido de la Santa Sede una prórroga de dos años para continuar celebrando la Misa tradicional en latín en dos parroquias: St. Mary’s Church, en Akron, y St. Stephen’s Church, en Cleveland. La extensión, concedida por el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, permite que ambas comunidades sigan utilizando el Misal de 1962, conocido como la forma extraordinaria del rito romano.
En un comunicado oficial, la diócesis expresó su gratitud por la decisión del Vaticano:
“La Santa Sede ha concedido una extensión de dos años de permiso para las dos celebraciones diocesanas restantes de la Misa en latín dentro de la diócesis”, indicó la nota, publicada el 23 de octubre de 2025.
La Misa tradicional sobrevive entre restricciones
La prórroga llega en un contexto en el que muchas diócesis de Estados Unidos han restringido o suprimido las celebraciones del rito tridentino, en aplicación del motu proprio Traditionis Custodes, promulgado por el papa Francisco en julio de 2021. Dicho documento estableció que las misas según el Misal de san Juan XXIII —vigente antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II— solo pueden celebrarse con autorización expresa de Roma y, preferentemente, fuera de iglesias parroquiales.
Mientras algunas diócesis han reducido drásticamente estas celebraciones, Cleveland ha optado por preservar su práctica donde existen comunidades consolidadas y fieles comprometidos con la liturgia tradicional. En contraste, diócesis como Charlotte (Carolina del Norte) anunciaron la suspensión total de la forma extraordinaria a partir de octubre de 2025, una decisión que ha provocado dolor y desconcierto entre los fieles del rito antiguo.
Una convivencia entre la tradición y la reforma
El obispo de Cleveland, Edward C. Malesic, ha buscado equilibrar el respeto a las disposiciones vaticanas con la atención pastoral a los fieles que encuentran en la Misa tridentina un medio de profunda devoción. Según la diócesis, se trata de “mantener la unidad eclesial” sin excluir a quienes viven su fe con apego a la liturgia tradicional.
“El objetivo es servir a todos los fieles y fomentar la unidad de la Iglesia, reconociendo el valor espiritual que muchos encuentran en esta forma litúrgica”, señaló un portavoz diocesano citado por CNA.
Las parroquias beneficiadas son, además, lugares de referencia para quienes buscan una celebración reverente, silenciosa y centrada en el sacrificio eucarístico, rasgos que caracterizan al Misal de 1962. En ambas comunidades se mantiene una sólida vida sacramental, confesiones frecuentes y grupos de catequesis litúrgica.
Repercusiones en el ámbito eclesial
Para muchos observadores, esta decisión constituye un gesto de prudencia pastoral que evita tensiones innecesarias y preserva un espacio legítimo dentro de la Iglesia para la forma litúrgica tradicional. Sin embargo, el carácter temporal de la prórroga —limitada a dos años— deja abierta la posibilidad de futuras restricciones o de una evaluación por parte de la Santa Sede sobre la aplicación del Traditionis Custodes en la diócesis.
En este sentido, la medida de Cleveland podría interpretarse como una fase de prueba que permitirá valorar la estabilidad, madurez y comunión eclesial de las comunidades vinculadas a la Misa en latín. Algunos fieles temen que el permiso no sea renovado; otros confían en que el testimonio de reverencia y fidelidad que ofrecen los grupos tradicionales sirva para consolidar su permanencia a largo plazo.
El valor de la liturgia tradicional
Más allá de la polémica, la prórroga concedida confirma que la forma extraordinaria del rito romano sigue viva y continúa siendo un punto de referencia espiritual para miles de católicos. En un mundo marcado por el ruido y la prisa, la Misa en latín ofrece un espacio de silencio, adoración y continuidad con la tradición milenaria de la Iglesia.
“La liturgia tradicional es una escuela de fe, de reverencia y de contemplación; no un vestigio del pasado, sino un tesoro que sigue alimentando a las almas”, comentan fieles vinculados a las comunidades que la mantienen viva.
Para muchos jóvenes, especialmente en Estados Unidos, esta liturgia representa una alternativa al secularismo, un retorno a lo sagrado y una forma concreta de resistencia espiritual frente a la banalización de lo divino.