El cardenal Wim Eijk recuerda que los católicos divorciados y vueltos a casar solo pueden comulgar si viven en castidad

El cardenal Wim Eijk recuerda que los católicos divorciados y vueltos a casar solo pueden comulgar si viven en castidad

El cardenal Wim Eijk, arzobispo de Utrecht (Países Bajos), ha vuelto a subrayar la disciplina tradicional de la Iglesia sobre la recepción de la Eucaristía por parte de católicos divorciados y vueltos a casar. Según informó LifeSiteNews, el purpurado afirmó que “solo pueden recibir la comunión quienes viven en castidad”.

Una enseñanza clara frente a la confusión

Eijk recuerda que el Magisterio católico mantiene que un vínculo matrimonial sacramental válido no puede disolverse por una decisión humana y que una nueva unión sin la declaración de nulidad del primer matrimonio representa objetivamente un estado de adulterio. Conforme al canon 915 del Código de Derecho Canónico, “los que persisten obstinadamente en pecado grave manifiesto no deben ser admitidos a la comunión”.

El cardenal neerlandés lamenta que, en diversas conferencias episcopales o entre ciertos pastores, se haya introducido una praxis ambigua que podría borrar este criterio, dando la impresión de que un católico en nueva unión puede acceder sin condiciones a la comunión. “Eso sería una ruptura con la doctrina de Cristo”, advierte Eijk.

Un signo de los tiempos: la incoherencia sacramental

Desde una perspectiva tradicional y conservadora, el testimonio del cardenal Eijk se presenta como un baluarte ante la confusión que persiste desde la exhortación Amoris Laetitia (2016), donde algunos han interpretado que se abrió la puerta a una recepción más amplia de los sacramentos para quienes viven en unión civil. La enseñanza clásica mantiene que, salvo nulidad del vínculo o libre elección de la continencia, no puede admitirse la comunión.

¿Una Iglesia pastoral… o una Iglesia adormecida?

La postura del cardenal Eijk vuelve a poner el acento en el deber de la comunidad eclesial de ser coherente con la verdad revelada: el matrimonio es indisoluble y la Eucaristía no puede convertirse en un “sello social” vacío de exigencia moral. Frente a la tentación de ajustar el Evangelio a la cultura dominante, Eijk insiste en que la misericordia no se puede confundir con la dilución de la norma.

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