Negar la persecución de cristianos en África es «una bofetada en nuestra cara»

Negar la persecución de cristianos en África es «una bofetada en nuestra cara»

Las recientes palabras del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, asegurando que la violencia en Nigeria no debe calificarse como un conflicto religioso, han despertado una ola de indignación entre católicos del país africano. A través de redes sociales, numerosos fieles expresaron que estas declaraciones minimizan la realidad de una persecución sistemática que desde hace años golpea a sacerdotes, religiosas, seminaristas y comunidades enteras.

Voces de indignación y denuncia

Ade, católico nigeriano, resumió el sentir de muchos: “Como católico nigeriano, esto es una bofetada en nuestra cara. Numerosos sacerdotes, religiosas, seminaristas y feligreses han sido asesinados y secuestrados durante años de manera sistemática. La corrección política será el fin de la Iglesia en Occidente”.

Chris Ikeri fue aún más contundente al acusar directamente al cardenal Parolin: Al negar el genocidio cristiano en curso en Nigeria se ha convertido conscientemente en parte de estos malvados y bárbaros fanáticos islámicos asesinos, cuyas manos están cubiertas con la sangre de los mártires..

El obispo nigeriano, John Bakeni, habló en un evento en el Parlamento del Reino Unido, refiriendose al lanzamiento del informe de ACN: “Si bien el conflicto no se trata únicamente de religión, es igualmente simplista no ver la dimensión religiosa como un factor significativamente exacerbante, especialmente cuando las iglesias, los sacerdotes y otros símbolos potentes del cristianismo son atacados, aparentemente con impunidad”.

Estos testimonios, multiplicados en redes sociales, muestran la indignación de una Iglesia local que sufre en carne propia el martirio de cientos de fieles y percibe que sus pastores en Roma callan o suavizan lo que viven cada día.

La denuncia de los católicos nigerianos no es infundada. Diversos informes internacionales confirman que Nigeria es hoy el país más mortífero para los cristianos. Grupos islamistas como Boko Haram y el Estado Islámico de África Occidental atacan de forma sistemática a comunidades cristianas, asesinando sacerdotes, religiosas y laicos, destruyendo iglesias y secuestrando seminaristas.

El riesgo de la corrección política

La reacción de los fieles nigerianos pone en evidencia el riesgo de una diplomacia eclesial excesivamente preocupada por no generar tensiones interreligiosas. Al reducir la violencia a un conflicto social, se transmite el mensaje de que el sufrimiento de los cristianos no es reconocido en su verdadera naturaleza: el de una persecución por la fe.

Las voces africanas reclaman claridad: en Nigeria se asesina y se secuestra a los cristianos por su fe. Negar esa realidad, como advierten Ade y Chris Ikeri, es una “bofetada en la cara” de quienes viven en primera persona el martirio. Frente a ello, la Iglesia universal y los gobiernos occidentales tienen la obligación moral de llamar a las cosas por su nombre y de alzar la voz por quienes mueren cada día confesando a Cristo.

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