León XIV al Jubileo de los Romaní, Sinti y pueblos itinerantes: “Sean protagonistas del cambio que el mundo necesita”

León XIV al Jubileo de los Romaní, Sinti y pueblos itinerantes: “Sean protagonistas del cambio que el mundo necesita”

León XIV se dirigió este sábado a los participantes en el Jubileo de los Romaní, Sinti y pueblos itinerantes, reunidos en el Aula Pablo VI bajo el lema “La esperanza camina: mi padre y mi madre eran arameos errantes” (Dt 26,5).

En su discurso, el Pontífice recordó el histórico encuentro de san Pablo VI con estas comunidades en 1965 y la continuidad de la atención pastoral de sus predecesores. León XIV exhortó a los presentes a mantener viva su fe y cultura, a ser testigos de esperanza en un mundo que los margina, y a no dejarse desanimar por las dificultades.

El Papa insistió en que la Iglesia reconoce en los pobres y excluidos un paradigma de vida cristiana, y pidió a los pueblos itinerantes ser “protagonistas del cambio de época” compartiendo su fe, su cultura y su dignidad con la sociedad. Finalmente, agradeció el trabajo pastoral de quienes acompañan a estas comunidades y confió a la Virgen María el camino de los participantes.

Dejamos a continuación el discurso completo del papa León XIV

Queridos hermanos y hermanas de los Romaní, Sinti y pueblos itinerantes, ¡bienvenidos!

O Del si tumentsa! ¡Que el Señor esté con ustedes!

Han venido a Roma desde toda Europa, y algunos incluso desde fuera de Europa, como peregrinos de esperanza en este Jubileo. Con su presencia nos recuerdan que “la esperanza está en camino”, título de nuestro encuentro. Hoy todos nos sentimos renovados por el don que traen al Papa: su fe fuerte, su esperanza inquebrantable en Dios, su confianza firme que no se rinde ante las dificultades de una vida a menudo vivida en los márgenes de la sociedad.

Que la paz de Cristo habite en sus corazones, hermanos y hermanas de las comunidades Romaní, Sinti y nómadas. Y que esa paz también habite en el corazón de los muchos agentes pastorales que hoy están aquí y caminan incansablemente con ustedes.

La celebración de hoy llega sesenta años después del primer encuentro mundial que san Pablo VI tuvo con sus comunidades en Pomezia, el 26 de septiembre de 1965. Como testigo de aquel acontecimiento, hoy está aquí la estatua de la Virgen, que el Papa mismo coronó como “Reina de los Romaní, Sinti y viajeros”. En estos sesenta años, las reuniones con mis predecesores han sido cada vez más frecuentes, signo de un diálogo vivo y de una atención pastoral especial hacia ustedes, “la porción amada del pueblo peregrino de Dios”. Sí, Dios Padre los ama y los bendice, y la Iglesia también los ama y bendice.

Ustedes pueden ser testigos vivos de tres cosas fundamentales: confiar solo en Dios, no apegarse a bienes terrenos y mostrar una fe ejemplar en obras y palabras. Vivir así no es fácil: se aprende aceptando la bendición de Dios y dejándola transformar nuestro corazón. Por su propia naturaleza, la Iglesia está en solidaridad con los pobres, los excluidos, los marginados y todos aquellos considerados desecho de la sociedad. En nuestro corazón debemos acoger este clamor nacido de la gracia, y no es tarea de unos pocos, sino misión de todos.

Por casi mil años, han sido peregrinos y nómadas en sociedades que han construido modelos de desarrollo injustos e insostenibles. Estas sociedades “avanzadas” a menudo los han rechazado, situándolos siempre en los márgenes: de las ciudades, de los derechos, de la educación y la cultura. Pero precisamente este modelo que los marginó es el que ha creado las mayores injusticias del último siglo: enormes desigualdades económicas, crisis financieras sin precedentes, catástrofes ambientales y guerras.

Nosotros, en cambio, con fe en Cristo, sabemos que “la piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser piedra angular” (Mt 21,42). Por eso, nos sentimos más fuertes en la convicción de que los valores que los pobres custodian con dignidad y orgullo son precisamente los que pueden cambiar el rumbo de la historia. Su presencia en las periferias es un signo para todos: la humanidad necesita cambiar estructuras de pecado para avanzar hacia una convivencia más justa y pacífica, en armonía con Dios, con la creación y entre nosotros.

Benedicto XVI les dijo en 2011: “Ustedes son un pueblo que no ha alimentado ideologías nacionalistas ni ha buscado dominar a otros”. Hoy también: libérense de toda tentación de posesión y de todo apego injusto. Permanezcan itinerantes en el Espíritu, pobres de espíritu, y así serán bienaventurados. Sus comunidades, en interacción con la naturaleza, han desarrollado un tesoro cultural marcado por un fuerte sentido comunitario. No se desanimen: al estar más cerca de la condición de Cristo, pobre y humillado, recuerdan a la humanidad el paradigma de la vida cristiana.

Les invito a creer en la belleza salvífica de su cultura y en el testimonio que llevan. En 2019, el papa Francisco les pedía caminar con dignidad: la dignidad de la familia, del trabajo, de ganar el pan de cada día, la dignidad de la palabra y de la oración. Que esta dignidad sea su fuerza para romper muros de miedo y desconfianza.

Hoy repito la invitación de mis predecesores: sean protagonistas del cambio de época, caminen junto con otras personas de buena voluntad, superen las desconfianzas, den a conocer la belleza de su cultura, su fe, sus oraciones y el fruto de su trabajo honesto.

Agradezco al Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral y a la Fundación Migrantes por sus esfuerzos en la organización de este Jubileo. Invito a todos los agentes pastorales que acompañan a los Romaní, Sinti y pueblos itinerantes a renovar su compromiso, sobre todo en el ámbito de la educación, la formación laboral, la pastoral familiar, la inculturación litúrgica y catequética, y el diálogo ecuménico e interreligioso. Espero que cada diócesis dedique una atención pastoral adecuada a estas comunidades, para un crecimiento humano integral.

Queridas hermanas y hermanos, que este Jubileo fortalezca su fe y esperanza, y les dé valor para recorrer el camino del Evangelio. Que la Virgen María los proteja y les acompañe siempre mi bendición.

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