En una carta dirigida a los candidatos a ministros extraordinarios de la comunión, el obispo de San Luis, Argentina, Mons. Gabriel Bernardo Barba ha establecido una condición polémica: quienes aspiren a este servicio deberán comulgar únicamente en la mano, con el fin de “predicar con el ejemplo”.

El documento recuerda que la diócesis de San Luis, al igual que San Rafael, fue durante décadas una excepción en Argentina, manteniendo la prohibición de la comunión en la mano. De hecho, bajo el gobierno de Mons. Juan Rodolfo Laise —autor del conocido libro La comunión en la mano— la diócesis fue un referente en la defensa de la comunión en la boca y de rodillas. Hoy, en cambio, se da un giro completo: no solo se permite la práctica, sino que se obliga a los ministros a adoptarla en público.
Del ejemplo a la imposición
El obispo Barba reconoce en su carta que la adopción de esta práctica está siendo “más lenta” en San Luis que en otras diócesis, y por eso exige que los ministros extraordinarios se conviertan en “pedagogos de este modo de recibir la comunión”. La instrucción es clara: si van a distribuir la Eucaristía, deberán recibirla en la mano, aunque la normativa universal de la Iglesia señala que el modo de comulgar es libre para cada fiel.
Un cambio que pesa en la historia de la diócesis
Lo que en el resto de Argentina se generalizó hace más de cincuenta años, en San Luis se resistió en fidelidad a la tradición. La medida actual, sin embargo, parece dejar atrás esa herencia para alinearse con las prácticas mayoritarias, aunque sea a costa de imponer un criterio obligatorio a quienes prestan un servicio extraordinario en la liturgia.
Más uniformidad, menos libertad
La carta del obispo marca un giro de fondo: de una diócesis que defendía la libertad de permanecer fiel a la tradición, a otra que impone la comunión en la mano como condición para servir.