En Roma y en la sede central del Opus Dei ya nadie lo niega: los nuevos estatutos, cuya aprobación por parte de la Santa Sede se da por inminente, supondrán la ruptura definitiva de la estructura original concebida por san José María. Las fuentes consultadas dentro de la Curia y de la propia Obra coinciden en que el texto está cerrado y que su promulgación es cuestión de semanas.
Una división en tres partes
Los nuevos estatutos, elaborados tras la entrada en vigor del motu proprio Ad charisma tuendum (2022) y adaptados al nuevo redactado del Código de Derecho Canónico, dividirán al Opus Dei en tres realidades jurídicas distintas:
- Una prelatura clerical, que agrupará únicamente a los sacerdotes numerarios incardinados en ella, conforme al nuevo marco canónico.
- La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, reformulada para integrar a los sacerdotes diocesanos que deseen asociarse espiritualmente con el carisma fundacional.
- Una asociación pública de fieles, que reunirá a los laicos —numerarios, agregados, supernumerarios y cooperadores—, hasta ahora vinculados a la prelatura.
En la práctica, esto implica que el Opus Dei dejará de existir como unidad jurídica y espiritual. El nombre podrá seguir usándose por conveniencia, pero ya no designará un solo cuerpo orgánico, sino tres entidades autónomas con personalidad y gobierno propios.
El prelado pierde potestad sobre los laicos
El punto más sensible del nuevo texto es el que retira al prelado toda potestad sobre los laicos. Su jurisdicción quedará limitada al clero incardinado en la prelatura, lo que deja fuera al grueso de los miembros de la Obra, que pasarán a depender de una asociación distinta. Esa asociación tendrá su propio gobierno y estatutos, sin relación jerárquica con el prelado.
De este modo, el sistema de obediencia y dirección espiritual que definió al Opus durante casi un siglo queda jurídicamente desactivado. El prelado ya no podrá dar normas ni directrices a los laicos, ni tendrá autoridad efectiva sobre las actividades apostólicas que desarrollen. La famosa expresión de san Josemaría —«una unidad de espíritu y de gobierno»— dejará de tener contenido real.
Lo que se dice en Roma
En el Vaticano se presenta la reforma como una adaptación necesaria a la doctrina actual sobre las prelaturas personales y una aplicación coherente del Ad charisma tuendum. Pero entre las líneas del texto se percibe otra intención: reducir el poder institucional del Opus Dei y limitar su influencia en la Iglesia universal, una voluntad de los jesuitas desde los años 60.
Un oficial de la Curia romana, consultado por InfoVaticana, resume así la visión dominante: “No se trata de castigar, sino de devolver las cosas a su proporción. El Opus había crecido hasta comportarse como una Iglesia dentro de la Iglesia. Era inevitable que Roma pusiera orden”.
Otro observador cercano al proceso lo expresa de forma aún más directa: “El Papa no quiere abolir la Obra, pero sí impedir que vuelva a actuar como un Estado paralelo. La solución jurídica que se ha encontrado —dividir, distinguir y descentralizar— es elegante y definitiva”.
El desconcierto interno
Dentro del propio Opus Dei reina el silencio. La consigna oficial es no comentar hasta la publicación del decreto, pero en las casas del Opus se respira preocupación. Numerarios veteranos -miembros consagrados- reconocen en privado que la reforma “cambia la esencia misma de la institución” y que, aunque el nombre subsista, el Opus Dei como lo conocimos desaparecerá.
Algunos intentan consolarse hablando de “oportunidad providencial” y “madurez eclesial”, pero otros admiten que se trata de un golpe estructural: “Nos han quitado la columna vertebral y ahora tendremos que aprender a caminar con muletas”.
Consecuencias previsibles
La fragmentación traerá consigo efectos difíciles de prever:
- La prelatura, reducida al clero numerario, tendrá escasa relevancia práctica y un peso mínimo en las diócesis.
- La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz seguirá existiendo, pero sin la fuerza simbólica de antaño.
- La nueva asociación de fieles carecerá de autoridad jerárquica y dependerá de los obispos locales, rompiendo así la autonomía histórica del Opus Dei.
En conjunto, el movimiento que durante décadas quiso ser el emblema del laicado organizado y militante en la Iglesia se convertirá en tres piezas desconectadas, con el riesgo de competir entre sí o diluirse progresivamente.
La reforma de los estatutos del Opus Dei, que se anuncia como inminente, no es una simple actualización canónica. Es una operación quirúrgica profunda, ejecutada desde dentro de la Santa Sede, que redefine para siempre la relación entre la Obra y el resto de la Iglesia. El prelado quedará reducido a un papel simbólico; los laicos, emancipados pero huérfanos; y Roma, satisfecha de haber cerrado uno de los capítulos más tensos del pontificado anterior.
El Opus Dei, como tal, ya no volverá a ser lo que fue.