El 7 de octubre de 2025, la parroquia católica de Union City (Tennessee, EE. UU.) anunció a sus fieles que las celebraciones en la forma extraordinaria del rito romano —la llamada Misa tradicional en latín— cesarán definitivamente el 28 de diciembre de 2025. La medida, adoptada en colaboración con el obispo Mark Beckman y otros pastores de la diócesis, responde a la aplicación estricta del motu proprio Traditionis Custodes de Francisco, que restringe al máximo el uso del misal anterior a la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II.
La carta pastoral explica que hasta esa fecha la Misa tradicional continuará celebrándose los domingos, salvo en tres ocasiones en que se sustituirá por la forma ordinaria: el 26 de octubre (XXX Domingo del Tiempo Ordinario), el 23 de noviembre (Cristo Rey) y el 14 de diciembre (III Domingo de Adviento). Las Misas de los lunes en latín se mantendrán solo en octubre, pasando también a la forma ordinaria desde noviembre.

Sin alternativas para los fieles en toda la diócesis
El anuncio no contempla ningún lugar alternativo donde los fieles puedan seguir asistiendo a la Misa tradicional en toda la diócesis, que abarca unos 36.000 km² de territorio en el este de Tennessee. Esto significa que, una vez aplicada la medida, la Misa tridentina quedará completamente extinguida en Knoxville.
El portal Rorate Caeli calificó la situación de “trágica” y denunció la “crueldad” con la que se está tratando a los fieles vinculados a la liturgia tradicional, señalando además que “Roma no hace nada” para protegerlos. El medio subraya que ni siquiera se ha ofrecido un templo alternativo para acoger a las comunidades afectadas.
Una política litúrgica que divide
La decisión se enmarca en la política de restricciones impulsada por el Papa Francisco y ahora continuada bajo el pontificado de León XIV, orientada a imponer la unidad litúrgica en torno al Novus Ordo. Sin embargo, para muchos católicos, este tipo de medidas evidencian un afán de uniformidad que erosiona la tradición litúrgica y provoca la marginación de comunidades vivas, especialmente jóvenes atraídos por la riqueza espiritual del rito antiguo.
Mientras el párroco local pide a los fieles afrontar el cambio con “fe y caridad”, voces críticas señalan que lo que se presenta como una transición pastoral es, en realidad, un desmantelamiento completo de la liturgia tradicional. La eliminación total de la Misa tridentina en Knoxville confirma que, lejos de la coexistencia de formas litúrgicas que defendía Benedicto XVI en Summorum Pontificum, la política actual busca suprimirla de raíz.
