El 11 de octubre, el Boletín de la Santa Sede publicó un mensaje del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso con motivo de la festividad hindú de Diwali, que se celebrará el 20 de octubre. Bajo el lema “Hindúes y cristianos: construir la paz en el mundo a través del diálogo y la colaboración en el espíritu de Nostra Aetate”, el texto felicita a las comunidades hindúes e insiste en la necesidad de reforzar el diálogo y la colaboración interreligiosa como camino hacia la paz mundial.
Firmado por el cardenal George Jacob Koovakad y monseñor Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage, el mensaje recuerda los 60 años de Nostra Aetate y cita tanto este documento como el Documento sobre la Fraternidad Humana (Abu Dabi, 2019). De manera significativa, también incluye palabras recientes del papa León XIV, que llamó a “construir puentes mediante el diálogo y el encuentro”.
El tono es el de una diplomacia religiosa que busca puntos comunes con el hinduismo, destacando valores como la paz, la fraternidad y la justicia. Pero lo que sorprende –y preocupa– es lo que no se dice: en todo el mensaje no aparece el nombre de Jesucristo, ni se proclama su papel como único Salvador. Se felicita una fiesta ligada a mitos paganos y se la presenta como símbolo de “la victoria de la luz sobre las tinieblas”, sin advertir que el verdadero triunfo de la Luz sobre las tinieblas se dio en la Encarnación, la Cruz y la Resurrección del Señor.
Este silencio contrasta con lo que el Magisterio ha recordado en numerosas ocasiones. El documento Dominus Iesus, promulgado por la Congregación para la Doctrina de la Fe en el año 2000 y firmado por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, fue claro:
«Se debe profundizar el contenido de esta mediación participada, siempre bajo la norma del principio de la única mediación de Cristo: « Aun cuando no se excluyan mediaciones parciales, de cualquier tipo y orden, éstas sin embargo cobran significado y valor únicamente por la mediación de Cristo y no pueden ser entendidas como paralelas y complementarias ».44 No obstante, serían contrarias a la fe cristiana y católica aquellas propuestas de solución que contemplen una acción salvífica de Dios fuera de la única mediación de Cristo». (Dominus Iesus, n. 14).
Más aún, el mismo documento advierte contra las confusiones derivadas de ciertos diálogos interreligiosos mal planteados y dónde se debe poner la centralidad de la relación:
«Ciertamente, las diferentes tradiciones religiosas contienen y ofrecen elementos de religiosidad que proceden de Dios y que forman parte de « todo lo que el Espíritu obra en los hombres y en la historia de los pueblos, así como en las culturas y religiones ». De hecho algunas oraciones y ritos pueden asumir un papel de preparación evangélica, en cuanto son ocasiones o pedagogías en las cuales los corazones de los hombres son estimulados a abrirse a la acción de Dios. A ellas, sin embargo no se les puede atribuir un origen divino ni una eficacia salvífica ex opere operato, que es propia de los sacramentos cristianos. Por otro lado, no se puede ignorar que otros ritos no cristianos, en cuanto dependen de supersticiones o de otros errores (cf. 1 Co 10,20-21), constituyen más bien un obstáculo para la salvación». (Dominus Iesus, n. 21).
«La Iglesia, guiada por la caridad y el respeto de la libertad, debe empeñarse primariamente en anunciar a todos los hombres la verdad definitivamente revelada por el Señor, y a proclamar la necesidad de la conversión a Jesucristo y la adhesión a la Iglesia a través del bautismo y los otros sacramentos, para participar plenamente de la comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por otra parte, la certeza de la voluntad salvífica universal de Dios no disminuye sino aumenta el deber y la urgencia del anuncio de la salvación y la conversión al Señor Jesucristo». (Dominus Iesus, n. 22).
Esto es exactamente el riesgo que transmite el mensaje vaticano: presentar como positivo el simbolismo religioso del Diwali sin una clarificación doctrinal, como si ese rito idolátrico pudiera equipararse al misterio de Cristo, “Luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jn 1,9).
La diplomacia interreligiosa, sin un anclaje en la verdad de la Revelación, termina deslizando a la Iglesia hacia un humanismo horizontal, bien visto por el mundo, pero carente de la fuerza profética del Evangelio. La misión de la Iglesia no es simplemente “promover la paz” en términos genéricos, sino anunciar al Príncipe de la Paz, Jesucristo, y llamar a todos los pueblos a la conversión.
El mensaje del Dicasterio, aunque se presente como gesto de cordialidad hacia los hindúes, deja en la penumbra lo esencial: la proclamación de Cristo como único Salvador del mundo. Y eso, para un católico, no puede ser nunca un simple matiz secundario.
Dejamos a continuación el mensaje completo y traducido publicado en el Boletín de la Santa Sede:
Hindúes y cristianos:
Construir la paz en el mundo a través del diálogo y la colaboración en el espíritu de Nostra Aetate
Queridos amigos,
El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso se complace en ofrecerles sus más cordiales saludos y mejores deseos mientras celebran el Deepavali el 20 de octubre de este año. ¡Que esta fiesta de las luces ilumine sus vidas y lleve felicidad, unidad y paz a sus familias y comunidades!
El octavo día después de Deepavali marcará este año el sexagésimo aniversario de Nostra Aetate (28 de octubre de 1965), el documento histórico de la Iglesia católica que alentó a los católicos en todo el mundo a entablar diálogo y colaboración con personas de otras tradiciones religiosas. Exhortó a todos a “reconocer, guardar y promover los bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales” que se encuentran entre ellos (NA 2) al servicio de la paz.
A lo largo de estas seis décadas, esta histórica iniciativa de diálogo interreligioso ha evolucionado en un proyecto global, generosamente apoyado y promovido por personas de diversas creencias religiosas y no creencias, contribuyendo de modo significativo a la paz mundial. Este mismo mensaje es fruto de aquella noble visión.
En este jubileo de diamante, Nostra Aetate nos llama a renovar nuestro compromiso de promover el diálogo interreligioso como camino hacia la paz. Durante esta temporada festiva, los invitamos a unirse a nosotros en la reflexión sobre cómo cristianos e hindúes, junto con personas de todas las religiones y de buena voluntad, pueden fortalecer nuestros esfuerzos comunes por la paz mediante el diálogo y la colaboración en el espíritu de Nostra Aetate.
Este espíritu está enraizado en “promover la unidad y el amor entre las personas, e incluso entre las naciones”, concentrándose en “lo que las personas tienen en común y lo que las lleva a la comunión” (NA 1). Nos llama a rechazar “nada de lo que en estas religiones hay de verdadero y santo” y a mantener “con sincero respeto aquellos modos de obrar y de vivir, aquellos preceptos y doctrinas” que “reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres” (NA 2). Inspira también una firme resolución de “guardar y promover juntamente, para provecho de todos los hombres, la justicia social y los valores morales, así como la paz y la libertad” (NA 3).
Aunque se ha avanzado mucho desde Nostra Aetate, queda mucho por hacer. En el mundo actual, donde la desconfianza, la polarización, las tensiones y las divisiones están en aumento, el diálogo interreligioso es más necesario que nunca. Debe seguir sembrando semillas de unidad y armonía, convirtiéndose en un faro de esperanza para todos. La comprensión y la colaboración interreligiosas deben tener un lugar en nuestra vida diaria y transformarse en un modo natural de convivencia.
El Papa León XIV ha llamado a todas las personas a “construir puentes mediante el diálogo y el encuentro, uniéndose como un solo pueblo” (Urbi et Orbi, 8 de mayo de 2025). Nos recuerda que fomentar una cultura de diálogo y colaboración por la paz es “una tarea confiada a todos, creyentes y no creyentes por igual, que deben promoverla mediante la reflexión y una praxis inspirada en la dignidad de la persona y en el bien común” (Discurso a los Movimientos y Asociaciones de la “Arena de la Paz”, Verona, 30 de mayo de 2025). Sólo trabajando juntos podemos asegurar y sostener una paz fundada en la verdad, la justicia, el amor y la libertad (cf. Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2003).
La familia, como lugar primario de educación en la vida y en la fe, tiene un papel eminente en la formación de estos valores. Las tradiciones religiosas también poseen una responsabilidad crucial en el fomento de la paz, correspondiendo a los líderes religiosos el deber moral de dar ejemplo: animar a sus fieles a respetar la diversidad y a construir puentes de amistad y fraternidad. Las instituciones educativas y los medios de comunicación desempeñan igualmente un papel esencial en modelar corazones y mentes hacia la convivencia pacífica. De este modo, el diálogo y la colaboración interreligiosos pueden y deben ser acogidos como herramientas indispensables para cultivar una cultura de paz; deben convertirse en un movimiento poderoso y dinámico dedicado a edificar y defender la paz en todo momento.
Como creyentes enraizados en nuestras respectivas tradiciones de fe, y como personas unidas por valores compartidos y por una común preocupación por la paz, que nosotros –hindúes y cristianos, junto con los de otras religiones y todas las personas de buena voluntad– unamos nuestras manos, tanto en pequeños como en grandes gestos, para cultivar la paz en nuestros hogares, comunidades y sociedades. Que nos esforcemos en construir la paz mundial fomentando “una cultura del diálogo como camino; la cooperación mutua como conducta; la comprensión recíproca como método y criterio” (Documento sobre la Fraternidad Humana para la Paz Mundial y la Convivencia Común, 4 de febrero de 2019).
¡Les deseamos a todos un feliz Deepavali!
Cardenal George Jacob Koovakad
Prefecto
Mons. Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage
Secretario
