Religiosos en plazas de Roma: del anuncio del Evangelio a pregoneros de la fraternidad y la ecología

Religiosos en plazas de Roma: del anuncio del Evangelio a pregoneros de la fraternidad y la ecología

En el marco del Jubileo de la Vida Consagrada, el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica organizó ayer en Roma una iniciativa titulada “Diálogo con la ciudad”. El acto se desarrolló en Piazza Vittorio Emanuele, en el céntrico barrio del Esquilino, y en las más periféricas Piazza Don Bosco (Cinecittà) y Piazza dei Mirti (Centocelle), zonas marcadas por una fuerte presencia multiétnica.

Religiosos y religiosas de los cinco continentes participaron en actividades de carácter cultural, artístico y espiritual. El programa fue encabezado por la prefecta del Dicasterio, sor Simona Brambilla, el pro-prefecto salesiano Ángel Fernández Artime y la secretaria sor Tiziana Merletti.

Mensajes de fraternidad y justicia social

En su intervención en Piazza Vittorio, sor Brambilla habló sobre “Fraternidad universal y solidaridad”, subrayando la necesidad de responder a las heridas causadas por la guerra, la opresión, la injusticia y la discriminación.

El salesiano Fernández Artime se refirió a la “custodia de la creación y protección del medio ambiente” frente al templo fundado por San Juan Bosco, mientras que sor Merletti intervino en Centocelle sobre “Escuchar el grito de los pobres”, en referencia al compromiso de los consagrados con los más marginados.

El evento estuvo acompañado de un llamamiento a la exhortación apostólica Dilexi te, publicada ese mismo día por el papa León XIV, centrada en el amor de Cristo como fuente de atención a los sufrimientos ajenos y de participación en su obra de liberación.

Riesgo de diluir la misión de la vida consagrada

Si bien la iniciativa quiso mostrar cercanía con los barrios más populares y diversos de Roma, los mensajes transmitidos —centrados en la solidaridad, la ecología y la justicia social— corren el riesgo de reducir la identidad de la vida consagrada a un discurso sociopolítico, en sintonía con los valores del mundo pero sin una proclamación explícita del Evangelio.

El núcleo de la vocación consagrada no es solamente la acción social, sino dar testimonio público de Cristo y anunciar la salvación. Convertir a los religiosos en portavoces de causas humanitarias puede dar una imagen “útil” para la sociedad, pero difumina su razón de ser: la consagración total a Dios y la llamada a llevar las almas a Cristo.

¿Hacia dónde vamos?

El “diálogo con la ciudad” celebrado en las plazas romanas refleja una tendencia creciente en sectores eclesiales: priorizar el lenguaje de la fraternidad universal y de la sostenibilidad medioambiental sobre el anuncio de la fe.

La vida consagrada, sin embargo, no existe para ser un actor más del tejido social, sino para recordar al mundo la primacía de Dios. Cuando los altares se sustituyen por escenarios y el Evangelio por consignas de justicia social, la Iglesia pierde la claridad de su misión y se diluye en el ruido de un discurso más político que cristiano.

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