Feijóo ha hablado, y lo ha hecho con la claridad del tibio. En una carta oficial del Partido Popular, el líder gallego zanja cualquier duda que pudiera quedar: el PP se compromete a garantizar el derecho a abortar “con la mejor atención médica y psicológica, conforme a las leyes”. Es decir, la defensa del “derecho” a matar al hijo no nacido, con anestesia y sonrisa institucional.
Pero lo realmente cómico no es Feijóo. Lo gracioso es lo previsible de la reacción:
- Los de siempre se harán los sorprendidos (“¿cómo ha podido decir eso?”).
- Luego volverán a votarles (“porque hay que frenar a la izquierda”).
- Y para rematar, exigirán a VOX que “se una al PP” por el bien de España.
El votante medio del PP vive en un bucle moral. Se escandaliza, se resigna y se justifica, todo en el mismo fin de semana. Y mientras tanto, el partido azul se consolida como el gestor amable del progresismo: sin pañuelo morado, pero con el mismo catecismo.
Feijóo promete serenidad, transparencia y moderación. Traducción: seguirá la agenda cultural de Sánchez, pero sin gritar.
Así que no, no hay sorpresa posible. Solo el eterno retorno del votante que se horroriza un jueves y se arrodilla el domingo.
