La primera exhortación apostólica de León XIV, titulada Dilexi te y publicada este 9 de octubre, sitúa a los pobres en el centro del Evangelio y ofrece como modelo la vida de los santos que encarnaron con radicalidad la caridad cristiana. El Papa recuerda que no se trata de un ideal abstracto, sino de un camino probado por siglos de testigos que hicieron de la atención a los más necesitados la credencial más auténtica de la fe.
En el texto, el Pontífice cita repetidamente a los Padres de la Iglesia y a figuras históricas que marcaron con su ejemplo el servicio a los necesitados. San Ambrosio, San Agustín, San Cipriano, San Juan Crisóstomo y San Lorenzo aparecen como referentes que recordaron sin cesar a los cristianos que los bienes de este mundo deben ponerse al servicio de todos, especialmente de los más vulnerables.
San Lorenzo y los pobres como “tesoro de la Iglesia”
Uno de los ejemplos más evocadores que recoge la exhortación es el de San Lorenzo, diácono y mártir del siglo III, conocido por haber señalado a los pobres como el verdadero tesoro de la Iglesia. León XIV retoma este episodio para insistir en que la caridad no es un acto accesorio, sino parte esencial de la identidad cristiana. La referencia al mártir romano conecta la doctrina social de la Iglesia con un testimonio radical de entrega hasta el derramamiento de sangre.
Santa Teresa de Calcuta, voz de la caridad en el mundo contemporáneo
Entre los santos más recientes, León XIV concede un lugar especial a Santa Teresa de Calcuta, de quien cita fragmentos de sus discursos para recordar que el servicio al pobre es inseparable del encuentro con Cristo. La Madre Teresa insistía en que lo más terrible de la pobreza no es la falta de pan, sino la soledad y la falta de amor. El Papa retoma sus palabras como ejemplo de una espiritualidad profundamente cristocéntrica, que ve en cada rostro sufriente la presencia de Jesús.
Su testimonio, señala la exhortación, no fue el de una estrategia social o una ideología, sino el de una vida entregada sin reservas al servicio concreto, cotidiano y silencioso de los más abandonados.
Nuevos testigos de los pobres
León XIV también destaca la vida de otros santos modernos que ampliaron el horizonte de la caridad cristiana. Entre ellos aparece Santa Dulce de los Pobres, conocida en Brasil como “el ángel de Bahía”, quien dedicó su vida al cuidado de enfermos y marginados en los suburbios de Salvador. Su ejemplo muestra cómo la caridad puede transformar contextos de exclusión social en espacios de dignidad.
Otro nombre citado es el de San Benito Menni, fundador junto con las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, dedicado a la atención de los enfermos mentales y de los pobres enfermos en general. La exhortación recuerda su entrega como signo de la compasión evangélica en ámbitos muchas veces olvidados incluso por las instituciones públicas.
El Papa incluye también a San Carlos de Foucauld, figura inspiradora del siglo XX, cuyo testimonio de vida en el desierto argelino y su deseo de ser “hermano universal” se convierten en un recordatorio de que el servicio al pobre va unido a la búsqueda de la fraternidad universal en Cristo.
Santos que hicieron de la caridad un proyecto de vida
La exhortación recuerda a Santa Katharine Drexel, fundadora estadounidense que dedicó su fortuna y su vida a la educación y promoción de comunidades afroamericanas e indígenas, como ejemplo de cómo la caridad transforma la justicia social en acción evangelizadora. Igualmente, menciona a la Hermana Emmanuelle, religiosa franco-belga que trabajó en los barrios más pobres de El Cairo y se convirtió en referente del servicio a quienes vivían entre la basura y la marginación.
Todos estos nombres, junto con los Padres de la Iglesia y santos de los primeros siglos, muestran que la tradición de la caridad no es un añadido tardío ni una sensibilidad moderna, sino una línea ininterrumpida que atraviesa la historia cristiana.