La Archidiócesis de Madrid y el Instituto Internacional de Teología a Distancia no han dado una respuesta clara sobre la vinculación del sacerdote José Castro Cea, el conocido «Josete», con esta institución académica. A pesar de las solicitudes de InfoVaticana durante los últimos días para confirmar oficialmente si el presbítero mantiene o no relación con el instituto —ya sea como director, docente o colaborador—, ni el arzobispado ni la entidad han ofrecido información transparente.
La oficina de comunicación de la Archidiócesis se ha limitado a alegar un principio de confidencialidad, afirmando que no pueden ofrecer detalles sobre la situación particular de sacerdotes, religiosos o laicos que están llevando su debido acompañamiento pastoral —tema que es comprensible—. Sin embargo, lo solicitado no era un dato privado, sino información de carácter institucional: la identidad de los responsables del instituto y su organigrama, datos que en cualquier centro académico y/o eclesial suelen ser públicos.
Hace unas semanas ya comentábamos que tras un año del conocimiento del controvertido video, José Castro mantenía sus vínculos con instituciones educativas encargadas de la formación de sacerdotes, como profesor de ética social en la Pontificia Universidad de Comillas —cargo cesado en septiembre de 2025—, y de moral social y Doctrina Social de la Iglesia en la Universidad Eclesial San Dámaso —desvinculado en la misma fecha—.
Sin embargo, mientras las instituciones guardan silencio, el propio perfil público de Castro en LinkedIn lo presenta desde junio de 2023 como Director del Instituto Internacional de Teología a Distancia, cargo que mantiene vigente hasta la fecha. En dicha plataforma, el sacerdote figura como “director ejecutivo” y responsable del desarrollo de programas de formación, gestión económica y de recursos humanos del instituto.

La negativa a confirmar o desmentir oficialmente esta información plantea interrogantes sobre la transparencia y la rendición de cuentas de una institución que ofrece formación teológica a fieles de todo el mundo al ser de carácter online e internacional. La falta de claridad no solo compromete la confianza en el Instituto, sino también en la Archidiócesis de Madrid con el cardenal Cobo a la cabeza, que en lugar de garantizar luz y verdad opta por el silencio.
Mientras otras instituciones eclesiales publican abiertamente el nombre de sus directivos y docentes, en este caso se prefiere ocultar lo evidente. Un proceder que solo alimenta la sospecha y pone en entredicho la credibilidad de quienes deberían dar ejemplo de transparencia.
Un instituto con impacto internacional
Este escándalo trasciende las fronteras de una diócesis concreta. El Instituto Internacional de Teología a Distancia (IITD), con más de medio siglo de trayectoria, se presenta como una institución de referencia al servicio de la Iglesia. Fundado en 1970, ha acompañado la formación de laicos, religiosos, seminaristas y educadores de la fe católica en distintas partes del mundo, especialmente en España, Portugal, América Latina y África. Durante más de cincuenta años ha ofrecido una formación académica seria y accesible en modalidad a distancia, con la misión de acercar la teología a quienes, por distintas circunstancias, no pueden cursar estudios presenciales.
Según la información entregada en el mismo sitio web, su misión es proporcionar una educación teológico-pastoral integral, accesible y de calidad, reconocida por su excelencia académica, su innovación pedagógica y, sobre todo, por su fidelidad al Magisterio y compromiso eclesial.
Además, el instituto afirma mantener convenios de colaboración con universidades de prestigio y el respaldo eclesial necesario para garantizar la validez y reconocimiento de sus programas. Sus valores institucionales incluyen la fidelidad eclesial, la universalidad, la cercanía humana, el espíritu misionero y la responsabilidad ética, presentándose como una obra al servicio de la formación permanente dentro de la Iglesia.
Mantener al frente de una institución con esta identidad y misión a una persona señalada por conductas escandalosas resulta incoherente con la línea formativa que el propio instituto proclama. Tal contradicción no solo daña su credibilidad académica y pastoral, sino que pone en entredicho la seriedad con que la Iglesia acompaña la formación de sus fieles.
