Este lunes Mons. Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española, compartió un decálogo durante el Encuentro Nacional de Delegados de Pastoral Vocacional.
El prelado señaló que la Iglesia en España atraviesa una verdadera “urgencia vocacional y misionera”, y pidió una conversión pastoral que recupere la centralidad de la llamada de Dios.
Argüello advirtió que la crisis vocacional no es solo cuestión de números, sino un reflejo de una crisis más profunda: una cultura que enseña a vivir sin referencia a Dios y que ha reducido la vocación a un mero ideal ético o sentimental. Ante este panorama, propuso un itinerario en diez claves, recogidas por Aciprensa, que buscan renovar la vida eclesial y reavivar la llamada divina en cada cristiano:
El decálogo vocacional
- Unir misión y vocación: no hay misión sin vocación, ni vocación sin misión; ambas dimensiones son inseparables.
- Vivir la vocación como don y tarea: lo recibido de Dios se convierte en responsabilidad hacia los demás.
- Superar la “pastoral de valores”: la vocación no se reduce a ideales humanos, sino que es encuentro real con el Señor.
- Cultivar una cultura vocacional: toda la acción de la Iglesia debe ser espacio de llamada y de respuesta.
- Promover la familia vocacional: ninguna vocación se vive en soledad, sino en la comunidad y en la Iglesia entera.
- Educar para la reciprocidad: cada vocación necesita de las demás; sacerdotes, consagrados y laicos se enriquecen mutuamente.
- Organizar la pastoral vocacional: es necesario dar estructura, alma y continuidad a este ámbito esencial.
- Colaborar entre diócesis y realidades eclesiales: movimientos, parroquias y comunidades deben caminar juntos en la promoción vocacional.
- Impulsar la dimensión misionera: toda vocación auténtica es enviada; la misión no es opcional, sino inherente al llamado.
- Transmitir el fuego vocacional: cada creyente está llamado a contagiar la alegría de seguir a Cristo y de entregar la vida.
Una estrategia integral frente a la crisis
Para el presidente de la CEE, este decálogo no puede quedar en una declaración de intenciones, sino que exige una renovación profunda de la pastoral y de la vida de la Iglesia. La crisis vocacional —advirtió— no se resolverá con campañas aisladas, sino con una Iglesia que viva en clave de vocación y misión, y que muestre al mundo que la felicidad del hombre está en descubrir el plan de Dios para su vida.