El Papa León XIV aceptó este lunes 6 de octubre las renuncias de monseñor Pierre Warin (Namur) y monseñor Guy Harpigny (Tournai), ambos de 77 años, y nombró a sus sucesores: el padre Fabien Lejeusne, A.A., agustino de la Asunción de 52 años, y el padre Frédéric Pierre Rossignol, C.S.Sp., de la Congregación del Espíritu Santo de 51 años.
El Boletín de la Santa Sede detalló los perfiles de los nuevos obispos: Lejeusne, de origen franco-belga, ha trabajado en pastoral juvenil, peregrinaciones y en el gobierno de su congregación en Europa; Rossignol, por su parte, ha servido en misiones en Vietnam y Bolivia, y hasta ahora era director espiritual en un colegio pontificio en Roma.
Las ordenaciones episcopales se celebrarán en diciembre: el día 7 en Namur y el 14 en Tournai, ambas a las 15:00 horas.
Expectativas y sorpresas
En septiembre, The Pillar subrayaba que Bélgica se había convertido en un “campo de prueba” para el nuevo pontificado, pues varias diócesis estaban vacantes y la orientación de los nombramientos marcaría el rumbo episcopal de León XIV. El análisis anticipaba que la selección de candidatos revelaría si el Papa favorecería perfiles locales, académicos, pastorales o reformistas.
Ni Lejeusne ni Rossignol son miembros del clero diocesano de las diócesis que ahora pastorearán y ambos son poco conocidos en la Iglesia belga. Los dos provienen de congregaciones religiosas, lo que indica una decisión deliberada de buscar perfiles externos y relativamente jóvenes, capaces de asegurar largos episcopados.
La apuesta de León XIV revela un criterio claro: candidatos misioneros e internacionales sobre figuras conocidas en el contexto local. Esto puede interpretarse como un signo de renovación, pero también como un riesgo: obispos que llegan sin raíces en la diócesis, en un país marcado por la secularización y con fuerte caída de vocaciones.
