¿Por qué no se puede decir sencillamente que no?

¿Por qué no se puede decir sencillamente que no?

Por: Yousef Altaji Narbón

Cuando un torrente de agua se abre y el mismo viene con una fuerza impetuosa, la tarea de cerrarlo u administrarlo se vuelve difícil por la presión que esta ejercer frente a cualquier obstáculo o compuerta. La cantidad de iniciativas, grupos, movimientos, ideas y tendencias actualmente presentes dentro de la Santa Madre Iglesia podría ser señal de restauración y supuestos frutos cuando en el fondo son la proliferación de novedades sin filtro ni restricción que plagan el horizonte del feligrés piadoso. Cada vez más, este torrente de grupos sin fundamento en la tradición de la Iglesia, iniciativas sin vetar, carismas con poco sustento sólido, son los que marcan el paso en las estructuras diocesanas por ser usualmente de tinte juvenil, innovador, de la época y con aparente facilidad de atraer de nuevo a la Iglesia a los tibios. No solamente esto radica en agrupaciones religiosas de laicos y consagrados, sino también en ideas, tendencias y conceptos foráneos de la doctrina perenne del Depósito de la fe. ¿Hasta qué punto exactamente se ha de frenar el recurrente ante estas cosas para dar la negativa tajante, basada en amor por la fe?

Permisibilidad sí, exclusión jamás

En las últimas décadas, este espíritu de apertura al mundo liberal y secularizado, so pretexto de una escucha de la gente, propulsado por las autoridades eclesiásticas, ha conllevado la acción de permitir la creación de grupos o llevar a cabo eventos donde se lesiona de manera flagrante lo enseñado por el Magisterio de la Iglesia, incluso donde se hace justamente lo prohibido por la sabiduría paternal del Cuerpo Místico de Cristo. Las ideas y conceptos tienen rienda libre siempre y cuando aparenten o huelan ligeramente cristianas o bautizadas con meras pinceladas de algo católico para intentar pasarlo por la puerta de la aceptación dentro de la Iglesia. Por siglos, las advertencias y amonestaciones de los Romanos Pontífices, en conjunto con la ayuda de los santos, resonaban por todo el orbe cristiano, parecido a las órdenes de un comandante de guardia centrado en el corazón de la fortaleza que emite sus directrices de tutela y estas se hacen eco a través de toda la muralla exterior. Estos lineamientos para defender la integridad de la ciudad de la fe advertían severamente contra la permisibilidad que hoy se ha convertido en el principio regente frente a los visitantes misteriosos anunciándose en la puerta principal, esperando ser admitidos a la ciudad preciosa.

Esta ciudad venerable pasó de ser cuidadosa por amor a sus ciudadanos a ser todo menos cerrada ante visitantes llamados “idea, grupo, evento, iniciativa” buscando ser admitidos dentro de sus muros para realizar acciones hostiles contra los habitantes nativos. El mundo revolucionario ha satanizado conceptos/principios como exclusión, división, negación, intolerancia hasta el límite de ser vistos como soeces sin medida. Esto ha influido en la estructura humana de la Santa Iglesia, provocando lo expuesto en estos párrafos de un rechazo absoluto a los conceptos del rechazo para poder abrazar a todos, todos, todos.

Muestras de esta política 

Esta política de apertura sin fin ante las ocurrencias más mundanas posibles ha provocado una serie de calamidades con el falso consuelo de estar cumpliendo la misión de la inclusión forzada para cultivar una supuesta unidad. Una demostración de esta manera de proceder fue el evento multitudinario de Walk on Wonder realizado en España, donde poco -para no decir nada- de las prácticas, disciplinas, enseñanzas y decoro transmitido fielmente por las venas de la Iglesia fundada por Cristo Jesús pudieron vislumbrarse tanto en el mensaje enviado como en las acciones cumplidas; resulta difícil encajar ese espectáculo como algo remotamente católico. Otros eventos variados de corte Hakuna también en España han tomado vuelo alto en distintas diócesis con el perfecto beneplácito de los Ordinarios competentes en cada caso. Por el ánimo de buscarles un lugar donde encajar dentro del rompecabezas estructural de la diócesis, se premian los holgorios promovidos por Hakuna con toda clase de promoción intraeclesial, parroquias donde desarrollarse y recursos para desenvolverse.

En un plano de tiempo más prolongado hemos visto otros proyectos crecer hasta la meta de ser internacionales, marcando el statu quo, como es el caso de la Renovación Carismática. Desde los años ochenta en adelante, este enigmático movimiento se ha expandido y sedimentado dentro de todas las diócesis a nivel global. Ningún mecanismo, por más ligero que sea, se les ha implementado para controlar la ola constante de prácticas contradictorias habituales dentro de sus círculos. De solo pensar que en un primer instante un obispo (para ser preciso, el Obispo de Pittsburgh) pudo haber prevenido el nacimiento de semejante organismo, pero por su apertura a visitantes foráneos sospechosos, se echó a perder la ciudad fortalecida.

Observando otro marco de tiempo, particularmente fijando la atención al momento donde se puede determinar sin miedo a equivocarse cuándo se inicia a implementar esta política de decirle a todo, nos topamos con el lamentable suceso del permiso de la Comunión en la mano. Este caso es perfecto para comprobar los efectos dañinos de no decir no. Nace la falente y engañosa necesidad de ciertos países europeos donde los obispos solicitaron al Papa Pablo VI la dispensa de poder administrar la Comunión en la mano sin ninguna represalia. Se les concedió esta dispensa por el espíritu de Aggiornamento; atendiendo a las alegadas motivaciones (fundadas bajo la sombra de Lutero y las maquinaciones de Cranmer), se abrieron las compuertas del agua contaminada para los solicitantes con la funesta consecuencia de expandirse la paradójica dispensa al mundo entero.

Sin irnos más lejos, en el 2023 la política de permisibilidad, cero negación, acoger todo y a todos, llegó a su macabro esplendor con la inaceptable declaración Fiducia Supplicans. El mismo escenario se repite: hay que meter a todo el mundo en el barco solo por el hecho de meterlos, sacrificando a los tripulantes más confiados en conjunto a la integridad de la nave. Solo el hecho de que la jerarquía eclesiástica se planteara semejante hipótesis ante una materia clarísima bajo la lupa de la doctrina infalible que llevó al execrable desenlace de la publicación de la presente declaración es solo muestra palpable de lo lejos que están dispuestos a ir solo para nunca decir que no. Están dispuestos a sacrificar la moral católica para encajar lo que, evidentemente, por el sensus fidei, uno se puede dar cuenta que es positivamente imposible realizar, por más vueltas de gimnasia mental efectuadas para intentar darle la impresión de licitud.

La lógica y proceso de ponderación

Estas situaciones llevan un proceso de supuesto análisis en conjunto con un proceso de ponderación replicado en casi todos los escenarios; todo esto siendo una vil pantomima para dar la impresión de debida diligencia por parte del custodio de la ciudad. Usualmente es así: Se presenta una idea o iniciativa llevada por escrito (aunque en muchos casos es un trámite sumario de mero intercambio de palabras cara a cara) con todas las palabras dulces y de moda para enfatizar el espíritu de la época. Se vende la propuesta como algo juvenil, actualizado, con espiritualidad adaptada a todos, aunado a cientos de aderezos del marketing posibles. Que si la propuesta es un evento, la creación de un grupo, la introducción de una tendencia novedosa, todo pasa el mismo proceso ficticio para engañar a los más tibios.

El encargado de dar el aval se encuentra en la posición de emitir su concepto de aprobación o rechazo; precisamente en ese momento se desata el tsunami de cuasi-principios carentes de toda lógica ni respaldados por un pelo de magisterio bimilenario. Frases cliché recalentadas al extremo de ser normas regentes como: “hay que ver lo bueno…hay que ver sus intenciones, que seguramente son buenas…son ideas jóvenes, deben ser buenas…es necesario ser prudentes y caritativos, seremos juzgados por cuanto amamos (este vaciado de su auténtico sentido)…no podemos ser rígidos frente a la gente, mucho menos contra los que piensan distinto a nosotros… quizás ve algo que nosotros no vemos y eso debe ser de Dios…la verdad depende de quién la defienda y cuánto la cree como tal…Dios está presente en todas partes…Dios es amor, amor, y solo amor, nada más…”. Al concluir de traer a la memoria estas máximas falaces, acoplado a dejarse llevar por las sonrisas, buenismo y todo el respeto humano posible, sale a relucir la orden de abrir las puertas de la ciudad al enemigo semi disfrazado para darle la oportunidad de asentarse con miras de desenvolverse libremente. 

Este es el proceso -a veces sumario, a veces prolongado por otros factores- que ocurre para aprobar proyectos y admitir ideas factiblemente nocivas en los ambientes católicos. Por esta apertura emanada de una lógica amañada se contesta la pregunta abierta de la existencia presuntamente inexplicable del Modernismo, el Liberalismo, Hakuna, Renovación Carismática, Taizé, eventos masivos donde prolifera la inmodestia y patente impudor, asambleas diocesanas llenas de espiritualidad pentecostal, etc.

La postura Católica

La diferencia entre el frío y el calor, la luna y el sol, el agua y el fuego, así de abismal se separa la política imprudente en vigencia con la postura católica frente a propuestas para ser atendidas. Las premisas utilizadas por la Iglesia a través de los siglos provienen de principios bíblicos de supremo valor concernientes al debido cuidado de la grey cristiana. Es de un amor ardiente que nace el compromiso ineludible de defender contra todo invasor doloso, disfrazado o notorio a los habitantes prósperos de la ciudad. Tenemos modelos dignos de obediente imitación, empezando por el Cardenal Pie de Poitiers; en su magnífico sermón llamado “La intolerancia doctrinal” deja taxativamente estipulado: “Es de la esencia de toda verdad no tolerar el principio contradictorio.”, en otra sección clama una verdad incomparable diciendo Entre esta confusión de ideas y de falsas opiniones nos toca a nosotros, sacerdotes de la incorruptible verdad, salir al paso y censurar con la acción y la palabra, satisfechos si la rígida inflexibilidad de nuestra enseñanza puede detener el desborde de la mentira, destronar principios erróneos que reinan orgullosamente en las inteligencias, corregir axiomas funestos admitidos ya por la convalidación del tiempo, esclarecer finalmente y purificar una sociedad que amenaza hundirse, que envejece en un caos de tinieblas y de desórdenes, donde no será ya posible distinguir la índole y, menos aún, el remedio de sus males.”. Como si fuera suficiente, el extracto a continuación es tan claro que destruye cualquier clase de argumento senil a favor de la tolerancia y ánimo afirmativo a la novedad: Se nos habla de la tolerancia de los primeros siglos, de la tolerancia de los Apóstoles. Mis hermanos, ¡ni lo penséis! Muy por el contrario, el establecimiento de la religión cristiana ha sido por excelencia una obra de intolerancia religiosa.”.

El renombrado hijo de Santo Domingo de Guzmán, el Padre Reginald Garrigou Lagrange, relata la postura paternal de la Iglesia con las subsecuentes palabras: “La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen y son intolerantes en la práctica porque no aman”. Otro referente en la presente materia de discusión es el Obispo de Pasto, San Ezequiel Moreno, con palabras proféticas advierte una pavorosa realidad: “No es extraño que estemos al borde del precipicio, y cayendo ya en él. Ahí nos llevan las componendas, tolerancias y cobardías. Si así seguimos; (…) si no cesan las tolerancias y, sobre todo, las consideraciones tan dignas de reprobación, que se tienen con los enemigos de Jesucristo y su reinado, es posible que no esté lejos el día en que haya que decir: ¡aquí hubo católicos!…. El prudente Prelado, con la parresía exigida de un pastor de almas, particularmente toca el tema de marras: …prudencia no es ocultar la verdad solo por no concitarse el odio de los partidarios del error (…). ¿Sería prudencia de un pastor que, por no disgustar a un lobo deja que este entre al rebaño? Esta clase de prudencia insensata Dios a veces la tolera, pero no la bendice; la bendicen muchos sabios del mundo, pero Dios la reprueba”. 

A rajatabla ¡no!

Los resultados hablan por sí solos, las consecuencias son claras, los números no mienten. Los efectos del sí propulsado por respetos humanos y falsas premisas han generado una migración incontrolable pero deliberada de toda clase de heterodoxias banales pintadas con un tinte barato de elementos forzados del cristianismo. No, amigos, no toda idea, por más buena intención que haya, se vuelve aceptable. El criterio consolidado al presente menoscaba la fe de los que hacen lo mejor posible para sobrevivir la crisis agigantada consumidora de almas en la época coetánea. Es por amor que se rechaza el mal; es por amor que no se admite lo que tiene rasgos mínimos de mal o duda; es por amor cuando se tranca la puerta de la casa con escrúpulo de los visitantes desconocidos esperando ser admitidos en el precinto hogareño. Es de insensatos dejarse llevar por meras sonrisas, bonitas palabras, buen trato y, en particular, de un respeto humano incrustado en el alma del hombre moderno, aspirante a borrar toda mancha o falla grave de todo lo puesto sobre la mesa. 

Rechazar de plano, decir sencillamente no, es menester de aquellos con el símbolo de amigos de la verdad incorrupta. Poner alto a la aceptación sin límites desde hace tiempo se muestra el rumbo digno de retomar. Ese comportamiento monomaniaco de encontrarle lugar al más arbitrario elemento/idea que se presente a la puerta es propio de los seducidos por el mundo secular, ya que este no concibe la remota mentalidad retrograda -ellos dicen- de poner muros para salvaguardar, sino de construir puentes sin fin a la vista. El sí sí sí proveniente de la blandenguería en la formación crítica ha socavado el no defensivo acostumbrado de los buenos padres de familia dispuestos a darlo todo para proteger a su familia de las intoxicaciones de las medias tintas. Por decirlo de una forma coloquial para reforzar todo lo explicado en el presente escrito: ¿Por qué se debe aceptar algo que tiene uno o cinco por ciento de aparentemente bueno cuando el otro noventa y nueve o noventa y cinco es a leguas dañino? ¿Por qué no se puede decir sencillamente que no?

Cerramos con la sabiduría del afamado sacerdote catalán el Padre Félix Sardá y Salvany en su libro “El Liberalismo es pecado”, del cual nunca está de más plasmar el carácter vinculante de la lectura de semejante exposición de integridad católica, en la página 82 (séptima edición) proclama estas letras llenas de celo apostólico: La suma intransigencia católica es la suma católica caridad. Lo es en orden al prójimo por su propio bien, cuando por su propio bien le confunde y sonroja y ofende y castiga. Lo es en orden al bien ajeno, cuando por librar á los prójimos del contagio de un error desenmascara á sus autores y fautores, los llama con sus verdaderos nombres de malos y malvados, los hace aborrecibles y despreciables como deben ser, los denuncia á la execración común, y si es posible, al celo de la fuerza social encargada de reprimirlos y castigarlos. Lo es, finalmente, en orden á Dios cuando por su gloria y por su servicio se hace necesario prescindir de todas las consideraciones, saltar todas las vallas, lastimar todos los respetos, herir todos los intereses, exponer la propia vida y la de los que sea preciso para tan alto fin.”.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando