El polémico caso que afecta a León XIV corre el riesgo de cerrarse en falso, sin verdad ni reparación para las víctimas
El caso Lute
Ana María Quispe tenía 11 años cuando el sacerdote Eleuterio Vásquez González, alias “Lute”, la engañó para llevarla hasta Cueva Blanca, un poblado aislado de la sierra de Ferreñafe, a seis horas de su domicilio familiar en Chiclayo. Durante la noche, Ana María sufrió abusos sexuales muy graves por parte del sacerdote diocesano. Junto a Ana María denunciaron dos víctimas más: una de ellas vivió la misma situación en el mismo poblado tan solo dos meses después, cuando tenía 9 años. La tercera víctima vivió un episodio de comportamientos libidinosos en la casa parroquial de La Victoria, en Chiclayo, por parte de Lute cuando tenía 13 años.
Bajo el pretexto de desarrollar actividades misioneras, Lute persuadió a las menores y a sus padres para aceptar el desplazamiento y la pernocta en la sierra. Una vez allí, las niñas descubrían que no había tales actividades misioneras. La estancia en la que Lute les hacía pasar la noche disponía de una sola cama de reducidas dimensiones. Ahí el sacerdote cometía los abusos sexuales, mientras otro adulto vinculado a la parroquia pasaba la noche en el exterior, durmiendo en el vehículo con el que se desplazaban.
Este terrible caso se denunció en abril del 2022 ante el entonces obispo Prevost y la gestión del mismo ha generado mucha controversia. La periodista Elise Allen lo menciona ampliamente en la entrevista-biografía supervisada y autorizada por León XIV, defendiendo que la gestión del proceso por parte del obispo Prevost habría sido impecable. A esa misma conclusión han llegado medios como El País o Religión Digital, para quienes cuestionar cómo se gestionó el proceso canónico contra el sacerdote pederasta Lute sería una conspiración ultraconservadora.
Lo que no niega nadie es que, tres años después, el caso Lute no ha sido resuelto. No hay una sentencia que determine los hechos, que sancione al sacerdote pederasta y que repare a las víctimas el daño causado.
La trampa para evitar la investigación y el juicio
Mientras las víctimas siguen esperando justicia, el proceso ha tomado un rumbo inesperado y alarmante. Según relató a las denunciantes el fraile Giampiero Gambaro en un encuentro mantenido dos días después del fallecimiento del Papa Francisco, Lute ha solicitado formalmente a Roma que le concedan la gracia de la dispensa del estado clerical —una especie de “dimisión voluntaria” que, de ser aprobada por Roma, pondría fin de inmediato al proceso judicial eclesiástico en lo que a Lute respecta. Gambaro aseguró a las víctimas que, dado el contexto de sede vacante, la petición sería aceptada por el nuevo Papa en cuestión de meses, casi de forma inevitable. En otras palabras: no habría investigación, ni sentencia, ni rendición de cuentas. Solo un expediente cerrado en silencio.
La propuesta se presentó a las víctimas como un hecho consumado, un trámite administrativo ante el que no cabía oposición. “No hay otra salida”, les dijeron. Esta versión, sin embargo, es engañosa y jurídicamente insostenible. El Derecho Canónico establece que la pérdida del estado clerical no es un derecho automático del sacerdote, sino una gracia excepcional que solo el Papa puede conceder o denegar según el bien de la Iglesia. Y, más importante aún, la praxis vaticana es clara: mientras exista un proceso penal en curso, la dispensa no puede tramitarse. Permitirlo equivaldría a desactivar el juicio por la simple voluntad del acusado en perjuicio de las víctimas.
Este mecanismo de fuga no es nuevo. Casos recientes, como el del obispo estadounidense Howard Hubbard, han mostrado que Roma puede rechazar estas peticiones cuando hay causas abiertas. Conceder la dispensa a Lute en medio de un proceso bloqueado desde hace años sería, según juristas consultados, un acto de encubrimiento institucional de enorme gravedad: borraría cualquier posibilidad de sentencia, privaría a las víctimas de justicia y enviaría un mensaje devastador sobre la tolerancia de la Iglesia frente a los abusos sexuales cometidos por su clero.