Los niños no nacidos sienten un dolor atroz durante el aborto

Los niños no nacidos sienten un dolor atroz durante el aborto

Un informe publicado por LifeNews en 2015 confirma una verdad incómoda para la cultura de la muerte: los niños concebidos, desde etapas tempranas de gestación, son capaces de experimentar un dolor real y atroz cuando son víctimas de un aborto.

El doctor David Prentice, citado en la información, afirma que “los bebés en el útero a las 20 semanas, y probablemente antes, sienten dolor, y puede ser más intenso que en un neonato o adulto”. En otras palabras, mientras la sociedad debate estadísticas y eslóganes ideológicos, el aborto se lleva a cabo sobre criaturas indefensas que padecen un sufrimiento inimaginable.

La evidencia médica lo confirma: en intervenciones de cirugía fetal, los especialistas administran anestesia directamente al niño en el vientre materno. ¿Por qué hacerlo si no hubiera posibilidad de dolor? La respuesta es obvia y desarma la narrativa que pretende reducir al feto a “un cúmulo de células”.

Ciencia contra ideología

Durante años, el lobby abortista ha sostenido que el dolor fetal no es posible antes de etapas muy avanzadas del embarazo. Sin embargo, estudios recientes indican que la percepción del dolor puede producirse mucho antes de lo que dictaba la propaganda proaborto. Estructuras nerviosas como el tálamo y las conexiones primitivas del sistema nervioso son suficientes para transmitir la sensación de dolor, incluso antes del desarrollo completo de la corteza cerebral.

Es decir, cada aborto no solo extingue una vida humana inocente: también implica infligir sufrimiento a quien no tiene defensa ni voz.

Una urgencia moral y política

Los datos aportados por la ciencia se convierten en un aldabonazo para las conciencias: el aborto no es solo una injusticia moral y un crimen contra el derecho a la vida, sino que además añade el agravante de causar dolor y tortura al más indefenso.

La legislación que permite estas prácticas queda, por tanto, aún más desenmascarada. No estamos ante un procedimiento “aséptico” o “clínico”, sino ante una forma de violencia extrema contra los inocentes.

Recordar lo esencial

En medio del debate ideológico, conviene recordar lo esencial: el niño concebido es un ser humano, y la ciencia no hace más que reforzar lo que la razón natural y la fe siempre han sostenido. La defensa de la vida no es una opción ideológica, sino un imperativo moral.

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