Lo más llamativo del escándalo del campamento de Bernedo no son ya las investigaciones abiertas por supuestos delitos contra la libertad sexual, ni las declaraciones judiciales de menores que se presentarán como víctimas. Lo más perturbador es la reacción de 185 familias que, en lugar de exigir claridad y garantías para proteger a sus hijos, han salido públicamente a respaldar el proyecto y a sus organizadores, así lo describe El Diario Vasco.
Un apoyo cerrado en plena investigación
En una carta enviada a Euskadi Irratia, estas familias denuncian el “acoso” y las “acusaciones” contra el campamento, acusan a los medios de “magnificar” los hechos y llegan a afirmar que volverían a elegir estas colonias para sus hijos. Sus palabras parecen ignorar que ya hay diligencias judiciales en marcha y testimonios concretos sobre abusos.
En su defensa, recalcan y agradecen los fundamentos ideológicos del campamento: el euskera, el feminismo y la idea de convertir cada ámbito de la vida —desde la higiene hasta las comidas— en un “espacio político”. Concluyen incluso con un mensaje militante: “No nos confundirán con discursos falsos, violentos y reaccionarios. Estamos con vosotros”.
Padres que legitiman la perversión
Que decenas de familias se alineen con un modelo que concibe el cuerpo de los menores como “espacio político” es un síntoma de cómo la ideología puede nublar la razón natural y la responsabilidad paterna. Más aún cuando el propio organizador del campamento llegó a presumir de querer “mariconizar a vuestros hijos”.
En lugar de indignarse y exigir explicaciones, muchos padres han preferido levantar un muro de defensa, como si se tratara de un ataque externo a su identidad cultural o política, antes que de un asunto gravísimo de protección a la infancia.
El precio de la ceguera ideológica
La reacción de estos padres no puede entenderse como simple ingenuidad. Es una muestra de cómo la ideología se convierte en dogma, capaz de justificar incluso la exposición de menores a entornos que, en el mejor de los casos, son de adoctrinamiento radical, y en el peor, de abuso y perversión.
