Los obispos católicos de Inglaterra dan una calurosa bienvenida a la “primera arzobispa de Canterbury”

Los obispos católicos de Inglaterra dan una calurosa bienvenida a la “primera arzobispa de Canterbury”

Uno pensaría que el circo anglicano ya no podía superarse: tras mujeres-obispos, bendiciones de parejas homosexuales y sínodos que parecen cabarets, llega el gran titular —la “primera arzobispa de Canterbury”. Una dama revestida de rojos y oros, con mitra de souvenir y hisopo en mano, como si de verdad estuviera ocupando la sede de san Agustín.

Lo natural sería que los católicos, al ver semejante esperpento, reaccionáramos con un suspiro de pena… o con una carcajada. Pero no: los obispos de Inglaterra y Gales, con el cardenal Vincent Nichols al frente, se han apresurado a “dar la bienvenida” al nombramiento, como si estuviéramos ante un acto solemne de sucesión apostólica.

El comunicado episcopal es digno de museo: que si “aportará dones personales”, que si “rezamos por ella”, que si “trabajaremos por la unidad” (esa unidad que, por cierto, se lograría sencillamente si los anglicanos abandonaran su invento y volvieran a la Iglesia que abandonaron hace casi cinco siglos).

¿Unidad o complicidad?

La escena es grotesca: mientras una comunión eclesial sin validez sacramental se inventa “arzobisposas” a golpe de decreto gubernamental —porque recordemos que fue Downing Street quien hizo el anuncio—, los sucesores de los Apóstoles católicos actúan como si asistieran a un momento histórico de la Cristiandad.

Si al menos hubieran guardado silencio, todavía podría disculparse como cortesía diplomática. Pero no: se lanzan al aplauso servil, quedando retratados como cómplices entusiastas de la farsa.

El verdadero ridículo

El ridículo no lo hace la señora Mullally, que bastante tiene con jugar a mitras y báculos en un escenario vacío desde 1558, cuando murió el último arzobispo católico de Canterbury, Reginald Pole. El ridículo lo hacen los obispos católicos que, en vez de recordar a sus fieles que la sede está vacante desde hace casi cinco siglos, prefieren sacarse fotos con sonrisas ecuménicas y frases de manual.

La Iglesia anglicana es un meme, sí. Pero que los católicos finjan que es serio, eso ya no es un meme: es bochorno en estado puro.

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