Por: Carlos Waite
Fundador del Rosario de hombres, Perú
Cuando un cardenal de la Iglesia, como Carlos Castillo Mattasoglio aconseja a los fieles a no votar por un católico y, en cambio, dar su voto a un comunista, no estamos ante un desliz menor, sino ante un acto de traición a la misión recibida y un escándalo público que hiere al Cuerpo de Cristo. Quien debería confirmar en la fe se convierte en sembrador de confusión y cómplice de una ideología condenada una y otra vez por la Iglesia.
La doctrina es clara, Pío XI en Divini Redemptoris denunció el comunismo ateo como “intrínsecamente perverso”. San Juan Pablo II en Centesimus Annus lo desenmascaró como destructor de la libertad y la dignidad humana. El Catecismo (n. 2425) enseña que la Iglesia rechaza de plano las ideologías totalitarias vinculadas al comunismo. Nadie puede cambiar esto. Por tanto, un cardenal que promueve el voto comunista se enfrenta directamente contra el Magisterio perenne.
El Código de Derecho Canónico (c. 212 §3) recuerda que los fieles tienen no solo el derecho, sino el deber de expresar su desacuerdo cuando está en juego el bien de la Iglesia. Ante un cardenal que traiciona, el silencio sería complicidad. La obediencia no nos obliga a seguir el error: la verdadera obediencia se dirige a la verdad de Cristo.
Quien, revestido de púrpura, se atreve a recomendar el comunismo desde su ministerio, hiere a los pequeños, debilita la fe y comete escándalo. Cristo mismo advirtió: “¡Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeños! Más le valdría una piedra de molino al cuello y ser arrojado al mar” (Mt 18,6). No se puede suavizar: es un pecado gravísimo contra la fe y contra el pueblo de Dios.
¿Qué corresponde a los fieles?
- Denunciar con firmeza que la voz del cardenal no representa la enseñanza de la Iglesia.
- Rechazar en conciencia toda invitación a apoyar ideologías anticristianas.
- Defender públicamente la fe y recordar que nuestra obediencia es a Cristo y a la doctrina auténtica, no a hombres que traicionan.
- Orar y reparar por el daño causado, pero sin claudicar en la verdad.
Hoy no basta con resistir interiormente. La Iglesia necesita claridad. Un cardenal que se convierte en propagandista del comunismo ya no ejerce su misión como testigo de la fe. Por ello, pedimos que sea públicamente corregido y, si persiste en su error, apartado de su cargo para proteger a los fieles. La disciplina eclesial no es venganza, sino defensa del rebaño frente al lobo que, disfrazado de pastor, lo devora.
San Pablo fue categórico: “Si alguien os predica un evangelio distinto, sea anatema” (Gal 1,9). Ese anatema alcanza a cualquiera, incluso a un cardenal. Los fieles no deben obedecerle, sino resistirle en nombre de Cristo.
En conclusión: un cardenal que invita a votar por un comunista se convierte en enemigo de la fe que juró defender. No podemos callar ni someternos a su engaño. Es deber de pastores fieles y de los mismos laicos exigir su corrección inmediata y, si no se retracta, su remoción. Porque la Iglesia no pertenece a los hombres, sino a Cristo, y su Esposa no puede ser prostituida por ideologías condenadas. Ante la traición, el deber del fiel es permanecer firme, proclamar la verdad y exigir limpieza en la Casa de Dios.
@rmonzonk Cardenal Carlos Castillo se refiere a la campaña presidencial de 2026. En su homilía, pidió votar por el mejor, más allá de si es católico o de otra religión. La iglesia, añadió, no tendrá candidato. #iglesia #carloscastillo #elecciones2026
