Fuentes citadas por The Pillar aseguran que líderes de la USCCB, incluido su presidente, el arzobispo Timothy Broglio, estaban recibiendo docenas de mensajes privados de obispos pidiendo una declaración pública contra el galardón, en aplicación de las directrices de 2004: “Las instituciones católicas no deben honrar a quienes desafían nuestros principios morales fundamentales”.
La presión era tan intensa que incluso se informó al nuncio apostólico en Washington de que el comunicado estaba en preparación. Ante la inminencia de esa reacción pública y el riesgo de una división abierta con el resto del episcopado, el cardenal Blase Cupich anunció la retirada del premio y comunicó que el propio Durbin había declinado aceptarlo.
Paprocki: “grave escándalo” y prohibición de comulgar
El obispo de Springfield, Thomas Paprocki, fue uno de los más contundentes. Recordó que Durbin lleva años impedido de recibir la Eucaristía en su diócesis por su apoyo al aborto. Calificó de “grave escándalo” el intento de premiarlo y subrayó que el político ha llegado a oponerse incluso a leyes para proteger a los niños nacidos vivos tras un aborto fallido. Tras la renuncia del senador, Paprocki se declaró “agradecido” y pidió oración por el respeto a toda vida humana.
Mensajes de gratitud y alivio
El obispo Michael Burbidge (Arlington), ex presidente del comité provida de la USCCB, dijo sentirse “aliviado” y recordó que “no puede haber diálogo sin reconocer la verdad moral objetiva del derecho a la vida”.
El arzobispo Salvatore Cordileone (San Francisco) felicitó a Durbin por su decisión, considerándola un acto de “magnanimidad y humildad” que puede contribuir a rebajar tensiones en un asunto profundamente divisivo.
Cupich insiste en el diálogo sinodal
El cardenal Cupich, en cambio, defendió su decisión inicial afirmando que seguía las instrucciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 2021, que invitaban a “dialogar con los políticos católicos contrarios a la enseñanza sobre el aborto”. En un extenso comunicado, lamentó la polarización entre católicos y planteó la necesidad de organizar “encuentros sinodales” para “escucharse mutuamente con respeto” sobre cuestiones sociales, desde los inmigrantes hasta los no nacidos.
El Papa León XIV y la justificación del premio
El Papa León XIV, natural de Chicago, al ser consultado por periodistas sobre la polémica, dijo no estar “muy familiarizado” con el caso, pero pidió valorar “los 40 años de servicio en el Senado de Estados Unidos” de Durbin, junto con otros aspectos de la doctrina social como la inmigración o la pena de muerte.
Tal como analizó InfoVaticana, estas declaraciones suponen una justificación peligrosa: al equiparar la defensa de los inmigrantes o la oposición a la pena de muerte con el aborto, el Papa introduce una lógica de “balanza moral” que relativiza el crimen más grave contra la vida inocente. La defensa de la vida —recuerda la doctrina católica— es un principio absoluto e irrenunciable, que no admite compensaciones por otros méritos políticos o sociales.
Una crisis que revela divisiones en la Iglesia
El episodio muestra la fractura interna en la Iglesia de Estados Unidos: de un lado, obispos que insisten en la primacía absoluta de la vida humana frente al aborto; de otro, voces como la de Cupich que priorizan la apertura al diálogo y el reconocimiento de la labor social de políticos que, sin embargo, rechazan los principios fundamentales de la moral católica.
Al final, la presión del episcopado provida evitó un escándalo mayor y dejó claro que, en Estados Unidos, ningún político que promueva el aborto puede ser honrado legítimamente por la Iglesia sin provocar división y descrédito.