Juicio en Hong Kong: el cardenal Zen se sienta en el banquillo y crece el apoyo de obispos y cardenales

Juicio en Hong Kong: el cardenal Zen se sienta en el banquillo y crece el apoyo de obispos y cardenales

El juicio contra el cardenal Joseph Zen se reanudó este lunes en Hong Kong, recordando al mundo que uno de los pastores más valientes de la Iglesia en Asia sigue bajo la presión del régimen comunista. Zen, de 93 años, fue arrestado el 11 de mayo bajo la acusación de “colaboración con fuerzas extranjeras” por su papel en el Fondo Humanitario 612, creado en 2019 para ayudar a manifestantes heridos o encarcelados durante las protestas prodemocráticas.

Aunque la Fiscalía desistió de procesarle bajo la Ley de Seguridad Nacional, lo mantiene imputado por un supuesto incumplimiento administrativo: no registrar correctamente dicho fondo, que cesó su actividad en 2021. La vista, que se realizó el pasado lunes 26 de septiembre y quedó a la espera de una resolución. La sentencia podría concluir con una sanción económica de hasta 10.000 dólares hongkoneses. La gravedad no está en la multa, sino en el mensaje: toda iniciativa que incomode a Pekín puede ser perseguida con el aparato judicial.

Una persecución que inquieta a la Iglesia

El caso Zen no es un simple trámite legal. Representa un capítulo más en la ofensiva del gobierno chino contra la libertad religiosa y la autonomía de la Iglesia. En Hong Kong, antaño refugio de libertades, se aplica hoy con celo una legislación pensada para silenciar disidencias y amordazar a quienes se atreven a cuestionar el poder.

Los pastores que no callan

Según informó Religión en Libertad, la reanudación del juicio ha provocado nuevas muestras de solidaridad de parte de obispos y cardenales de todo el mundo. El cardenal Fernando Filoni, prefecto emérito de Propaganda Fide, describió a Zen como “un hijo devoto de la Iglesia” y advirtió que no debe ser condenado. En la misma línea, el cardenal Charles Bo, arzobispo de Yangón y presidente de la FABC, recordó que ayudar a los acusados a costear su defensa es un derecho básico en cualquier sistema de justicia, y denunció lo absurdo de criminalizar la caridad.

Desde Estados Unidos, el obispo Thomas Tobin pidió rezar por Zen y por la Iglesia china, “atacada y restringida con regularidad por el gobierno”, mientras que el obispo Joseph Strickland elogió la lucha del purpurado frente al comunismo. El arzobispo Salvatore Cordileone, de San Francisco, encomendó a Zen a la Virgen María bajo la advocación de “Nuestra Señora Desatanudos”, implorando que se haga justicia y reciba consuelo. También el obispo auxiliar de Astaná, Athanasius Schneider, lo llamó “hijo leal de la Iglesia” y pidió a María Auxiliadora que lo sostenga en esta hora difícil.

Más duro en su crítica fue el cardenal Gerhard Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien lamentó que muchos cardenales hayan “dejado solo” a Zen. “Fue arrestado con un pretexto, no hizo nada. Es una figura influyente, valiente y temida por el gobierno. Tiene más de 80 años y lo hemos abandonado”, denunció.

Un símbolo para la Iglesia en China

Aunque la sentencia final pueda limitarse a una multa, lo que está en juego es mucho más. El cardenal Zen se ha convertido en símbolo de la resistencia católica frente al autoritarismo chino, y su juicio expone la estrategia del régimen: intimidar a quienes, desde la fe, defienden la justicia y la dignidad humana. El proceso contra él es también un aviso a la Iglesia: callar puede evitar problemas inmediatos, pero al precio de aceptar la sumisión al poder político.

Zen, anciano pero firme, sigue encarnando el testimonio de un pastor dispuesto a dar la cara por su pueblo. Mientras los tribunales de Hong Kong prolongan su causa, obispos y cardenales del mundo recuerdan que no está solo, y que la libertad de la Iglesia en China es una cuestión que afecta a toda la cristiandad.

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