Al atardecer de la vida te examinarán en… el cuidado de la creación

Al atardecer de la vida te examinarán en… el cuidado de la creación

En la conferencia Raising Hope for Climate Justice, celebrada en Castel Gandolfo por el décimo aniversario de la encíclica Laudato Si’, León XIV ofreció un discurso centrado en la llamada “conversión ecológica”. El Papa elogió el legado de Francisco, agradeció la labor del Movimiento Laudato Si’ y destacó el impacto de esta iniciativa en universidades, foros internacionales y debates políticos.

Conversión ecológica y presión política

León XIV subrayó que los desafíos identificados hace una década son “aún más relevantes hoy” y que requieren una transformación de estilos de vida tanto personales como comunitarios. No se limitó a un lenguaje espiritual: animó a los fieles a participar activamente en la vida política y a “presionar a los gobiernos” para que adopten regulaciones ambientales más estrictas.

El discurso insistió en que no basta con la fe individual o las buenas intenciones, sino que son necesarias estructuras políticas globales. Cumbres como la COP30 en Brasil o la Conferencia del Agua 2026 fueron citadas como espacios donde la Iglesia debe estar presente.

La fe como ecología integral

En línea con la encíclica Laudato Si’ y la exhortación Laudate Deum, el Papa explicó que la fe no puede separarse del cuidado de la creación. Afirmando que “no podemos amar a Dios si despreciamos sus criaturas”, ampliando así el horizonte de la vida cristiana a la custodia del medio ambiente. La espiritualidad, en este marco, se redefine como un compromiso ecológico.

La pregunta final de León XIV

León XIV cerró su mensaje con una pregunta: “Dios nos preguntará si hemos cultivado y cuidado del mundo que Él creó, y si hemos cuidado de nuestros hermanos y hermanas. ¿Qué responderemos?”.

La tradición de la Iglesia ha recordado siempre que el hombre es administrador de la creación, pero también que su fin último es amar a Dios sobre todas las cosas. San Juan de la Cruz lo expresó con una claridad que atraviesa los siglos:

“Al atardecer de la vida, te examinarán en el amor.”

Ese amor no se mide en regulaciones internacionales ni en conferencias de la ONU, sino en la caridad hacia Dios y hacia el prójimo que bien incluye a la creación, pero en su debido orden natural— que igualmente nos viene dada de Él. 

Bendición al bloque de hielo

Al finalizar sus palabras, León XIV impartió una bendición al gran bloque de hielo, convertido en símbolo de la lucha contra el cambio climático. El acto, recibido con aplausos, fue presentado como un signo de respeto hacia la creación. Los gestos hablan por sí solos.

 

Dejamos a continuación el mensaje integro de León XIV:

Queridas hermanas y hermanos, la paz esté con ustedes.

Antes de continuar con unas breves palabras preparadas, quiero agradecer a los dos ponentes que me precedieron. Y quisiera añadir que, en realidad, hoy hay un héroe de acción entre nosotros: son todos ustedes, que trabajan juntos para marcar la diferencia.

Al conmemorar el décimo aniversario de la Encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de nuestra casa común, saludo cordialmente a los organizadores, ponentes, participantes y a todos los que hicieron posible la conferencia Raising Hope. Agradezco de modo especial al Movimiento Laudato Si’ por haber apoyado desde el principio la difusión y aplicación del mensaje del Papa Francisco.

Esta Encíclica ha inspirado profundamente a la Iglesia católica y a muchas personas de buena voluntad. Ha demostrado ser fuente de diálogo. Ha dado origen a grupos de reflexión, programas académicos en escuelas y universidades, asociaciones y proyectos de diverso tipo en todos los continentes. Muchas diócesis e institutos religiosos se han sentido llamados a actuar en el cuidado de la casa común, priorizando de nuevo a los pobres y marginados. Su impacto incluso ha llegado a cumbres internacionales, al diálogo ecuménico e interreligioso, a los ámbitos económico y empresarial, así como a estudios teológicos y bioéticos. La expresión “cuidado de la casa común” ha pasado a formar parte de discursos académicos, científicos y políticos.

Las preocupaciones y recomendaciones del Papa Francisco han sido valoradas y acogidas no solo por católicos, sino también por muchas personas fuera de la Iglesia que se han sentido comprendidas, representadas y acompañadas en este momento concreto de la historia. Su análisis de la situación (cf. cap. 1), la propuesta del paradigma de la ecología integral (cf. cap. 4), el insistente llamado al diálogo (cf. cap. 5) y la invitación a afrontar las causas profundas de los problemas y a “unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral” (n. 13) han despertado un amplio interés. ¡Demos gracias a nuestro Padre del cielo por este don heredado del Papa Francisco! Los desafíos señalados en Laudato Si’ son hoy aún más relevantes que hace diez años. Son retos de carácter social y político, pero sobre todo de naturaleza espiritual: llaman a la conversión.

Como en todo aniversario de este tipo, recordamos el pasado con gratitud, pero también nos preguntamos qué queda por hacer. A lo largo de los años, hemos pasado de comprender y estudiar la Encíclica a ponerla en práctica. Ahora bien, ¿qué debemos hacer para que el cuidado de la casa común y la escucha del clamor de la tierra y de los pobres no aparezcan como meras modas pasajeras o, peor aún, como cuestiones divisivas? En sintonía con Laudato Si’, la Exhortación Apostólica Laudate Deum, publicada hace dos años, advertía que “algunos han optado por burlarse” (n. 6) de los signos cada vez más evidentes del cambio climático, por “ridiculizar a quienes hablan del calentamiento global” (n. 7) e incluso por culpar a los pobres de aquello que más los afecta (cf. n. 9).

Además de difundir el mensaje de la Encíclica, ahora es más importante que nunca volver al corazón. En la Escritura, el corazón no es solo el centro de sentimientos y emociones, sino el lugar de la libertad. Aunque incluye la razón, la trasciende y transforma, influyendo e integrando todos los aspectos de la persona y de sus relaciones fundamentales. El corazón es el lugar donde la realidad externa impacta con más fuerza, donde se busca con mayor hondura, donde se descubren los deseos más auténticos, donde se encuentra la identidad última y donde se toman decisiones. Solo volviendo al corazón puede tener lugar una verdadera conversión ecológica. Hemos de pasar de acumular datos a cuidar; del discurso ambiental a una conversión ecológica que transforme estilos de vida personales y comunitarios. Para los creyentes, esta conversión no es distinta de la que nos orienta hacia el Dios vivo. No podemos amar a Dios, a quien no vemos, mientras despreciamos a sus criaturas. Tampoco podemos llamarnos discípulos de Jesucristo sin compartir su mirada sobre la creación y su cuidado por todo lo frágil y herido.

Queridos amigos, que su fe los inspire a ser portadores de la esperanza que nace al reconocer la presencia de Dios ya obrando en la historia. Recordemos cómo describió el Papa Francisco a san Francisco de Asís: él “vivió en simplicidad y en maravillosa armonía con Dios, con los demás, con la naturaleza y consigo mismo. Nos muestra lo inseparable del vínculo entre la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (Laudato Si’, 10). Que cada uno de nosotros crezca en estas cuatro relaciones —con Dios, con los demás, con la naturaleza y con nosotros mismos— mediante una constante actitud de conversión. La ecología integral se nutre de todas estas relaciones. A través de nuestro compromiso con ellas, podemos crecer en esperanza, viviendo el enfoque interdisciplinar de Laudato Si’ y el llamado a la unidad y la colaboración que de ella fluye.

Somos una sola familia, con un único Padre, que hace salir el sol y manda la lluvia para todos (cf. Mt 5,45). Habitamos el mismo planeta, y debemos cuidarlo juntos. Por eso renuevo con fuerza mi llamado a la unidad en torno a la ecología integral y a la paz. Resulta alentador ver la variedad de organizaciones representadas en esta conferencia, así como la amplia red de entidades que se han sumado al Movimiento Laudato Si’ y a la Plataforma de Acción.

Además, el Papa Francisco subrayó que “las soluciones más eficaces no vendrán únicamente de esfuerzos individuales, sino sobre todo de grandes decisiones políticas a nivel nacional e internacional” (Laudate Deum, 69). Todos en la sociedad, a través de organizaciones no gubernamentales y grupos de incidencia, deben presionar a los gobiernos para desarrollar y aplicar normativas, procedimientos y controles más rigurosos. Los ciudadanos han de asumir un papel activo en la toma de decisiones políticas a nivel nacional, regional y local. Solo así será posible mitigar el daño ya causado al medio ambiente. La legislación local también será más eficaz si las comunidades vecinas apoyan las mismas políticas ambientales (cf. Laudato Si’, 179).

Espero que las próximas cumbres internacionales de las Naciones Unidas —la Conferencia sobre el Cambio Climático de 2025 (COP 30), la 53ª Sesión Plenaria del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial y la Conferencia sobre el Agua de 2026— escuchen el clamor de la tierra y el clamor de los pobres, de las familias, de los pueblos indígenas, de los migrantes involuntarios y de los creyentes de todo el mundo. Al mismo tiempo, animo a todos, especialmente a los jóvenes, a los padres de familia y a quienes trabajan en administraciones e instituciones locales y nacionales, a aportar soluciones a los actuales “desafíos culturales, espirituales y educativos” (Laudato Si’, 202), esforzándose siempre con tenacidad por el bien común. No hay lugar para la indiferencia ni para la resignación.

Quisiera concluir con una pregunta que nos concierne a todos. Dios nos preguntará si hemos cultivado y cuidado el mundo que Él creó (cf. Gn 2,15) para beneficio de todos y de las generaciones futuras, y si hemos cuidado de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9; Jn 13,34). ¿Cuál será nuestra respuesta?

Queridos amigos, les agradezco su compromiso y extiendo con alegría a todos ustedes mi bendición. Gracias.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando