Soy un buen provida: No me alegraré de que haya cerrado un abortorio de Planned Parenthood

Soy un buen provida: No me alegraré de que haya cerrado un abortorio de Planned Parenthood

La túnica inconsútil también cubre al paro de la industria abortista

Qué tristeza, hermanos. Hoy nos dicen que la mayor clínica de Planned Parenthood en el hemisferio occidental ha cerrado sus puertas. Y mientras algunos ingenuos celebran que se ha apagado un horno de muerte, nosotros, más maduros, más “coherentemente provida”, no podemos menos que elevar una sentida oración… por los trabajadores que van al paro.

Porque la vida, queridos, no se defiende sólo cuando se trata de inocentes despedazados en el vientre de sus madres. ¡No! La vida se defiende en el derecho al subsidio de desempleo, en el libre acceso al polideportivo municipal y en que el carnet de biblioteca sea gratuito para todos.

Claro, Cupich ya nos lo explicó con la túnica inconsútil de Bernardin: no puedes alegrarte de que cierren un matadero humano si no has garantizado primero las prestaciones sociales de los que allí cobraban por matar. No puedes proclamar victoria por salvar a los no nacidos si no garantizas a los ejecutores reciclados una recolocación digna, quizá en algún programa de reeducación ecológica de Laudato Si’.

Celebrar el cierre de Planned Parenthood es, pues, una falta de delicadeza social. ¿Qué será de tantos ginecólogos especializados en desmembrar fetos de 20 semanas, de tantas enfermeras expertas en triturar con suavidad, de tantos administrativos que día a día registraban el producto de la muerte como si fueran datos de un censo parroquial? ¿Acaso no tienen también “derecho a la vida” entendido como un paquete integral de prestaciones, ocio y cultura?

La verdadera defensa de la vida, nos dirán, no consiste en acabar con el aborto, sino en abrir becas municipales de zumba, guarderías de inspiración inclusiva y rebajas en el abono transporte. De lo contrario, nuestro provida no es auténtico, sino una peligrosa caricatura fundamentalista.

Así que ya saben: menos “Deo gratias” y más compasión con los verdugos en paro. Porque la túnica inconsútil de la ética integral cubre desde el nasciturus hasta el monitor de spinning del polideportivo.

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