Este martes 30 de septiembre, se dio la conferencia de prensa previa al inicio del encuentro “Raising Hope on Climate Change”. La directora ejecutiva del Movimiento Laudato si’, Lorna Gold, anunció el lanzamiento del “Laudato si’ 10”, un plan de compromisos que pretende ser presentado en la próxima COP30 como “Peoples Determined Commitment”. Según explicó, se trata de un proyecto “colectivo”, paralelo a los planes nacionales oficiales, que busca influir en el Global Ethical Stocktake, el balance global de medidas climáticas ligado al Acuerdo de París.
El evento central tendrá lugar en Castel Gandolfo, en el llamado “Borgo Laudato si’”, donde se espera la participación de León XIV junto a 35 líderes religiosos. La conferencia se desarrolla con la organización conjunta del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, Caritas Internationalis, CIDSE, la UISG, el Movimiento de los Focolares y la Ecclesial Networks Alliance.
Entre espiritualidad y ecologismo político
El cardenal Jaime Spengler, arzobispo de Porto Alegre, insistió en la necesidad de “recuperar la capacidad de venerar la tierra” y advirtió sobre “el peligro de no retorno”. El tono místico-poético se mezcló con el lenguaje de emergencia climática, en línea con lo que definió el propio León XIV como una “crisis de confianza”. Spengler llegó a afirmar que en la próxima cumbre “se necesitan decisiones de estadistas” para salvar el planeta.
Desde el dicasterio organizador, sor Alessandra Smerilli afirmó que el décimo aniversario de Laudato si’ “no es un traguardo, sino un nuevo inicio”. En su discurso enumeró retos sociales y ecológicos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las migraciones forzadas, subrayando que “el futuro del planeta no es asunto solo de los gobiernos, sino de cada persona y comunidad”.
Activismo en el corazón del Vaticano: cruzados por el medioambiente
Entre los invitados destacó Arnold Schwarzenegger, exgobernador de California y promotor de políticas medioambientales. Con estilo propio, defendió la idea de convertir a los católicos en “cruzados del ambiente” y apeló a que no se espere nada de los gobiernos, sino a la iniciativa de cada individuo. Comparó la causa climática con movimientos históricos como el sufragio femenino o la lucha contra el apartheid.
“En el mundo hay 1.400 millones de católicos, 200.000 parroquias y unos 400.000 sacerdotes. Imaginemos el poder de comunicación que supone contar con tantos creyentes implicados. Cada católico puede ser un cruzado por el ambiente y ayudarnos a terminar con la contaminación. Yo lo viví en primera persona como gobernador de California, cuando nos encontrábamos en una situación desastrosa. La clave no fue hablar, sino actuar. No podemos limitarnos a los discursos, hay que pasar a la acción.”
La intervención del ministro de Medio Ambiente de Tuvalu, Maina Talia, fue aún más dramática: describió cómo el aumento de la temperatura media global en más de 1,5 grados significa “la diferencia entre la vida y la muerte” para su pequeño país insular.
Ecologismo y desvío de prioridades
La presentación de este “plan de los pueblos” en nombre de la encíclica Laudato si’ muestra cómo el Vaticano, bajo León XIV, mantiene la línea de instrumentalizar el discurso ecológico como plataforma de proyección global. En lugar de centrar el mensaje en la crisis moral y espiritual de Occidente, la Santa Sede parece insistir en foros internacionales climáticos que, lejos de la misión salvífica de la Iglesia, priorizan el lenguaje político de la ONU.
Que la Iglesia se comprometa en la custodia de la creación es coherente con la doctrina tradicional; pero convertir esa preocupación legítima en un programa sociopolítico de compromisos colectivos, coordinados con ONGs y lobbies internacionales, corre el riesgo de diluir el anuncio del Evangelio en una agenda meramente terrenal. La esperanza cristiana, que se funda en la redención de Cristo, no puede reducirse a “planes climáticos” ni a alianzas con figuras mediáticas del ecologismo secular.
La conmemoración de los diez años de Laudato si’ debería ser ocasión para recordar que el hombre no se salva reciclando plásticos, sino abrazando a Cristo y a su Iglesia. La defensa de la creación es parte del mandato divino, pero no puede sustituir la proclamación de la Verdad y la defensa de la dignidad humana desde la fe.
