Críticas a la banalización del sacramento
Algunos católicos han reaccionado con indignación ante este vaciamiento de la fe. Miranda MacDonald escribió: «Quiero todas las ventajas pero no quiero trabajar por ello… ¡qué signo de nuestros tiempos!». Su comentario refleja la contradicción de querer los símbolos externos de una celebración sin abrazar la verdad que estos significan: la comunión real con Cristo.
La propuesta de separar la alegría de la fe no solo desvirtúa la tradición, sino que engendra una caricatura de la vida cristiana: quedarse con el envoltorio vacío y despreciar el don divino.
Síntoma de una secularización radical
Lo que antes fue un pueblo marcado por el catolicismo y sus mártires, hoy es terreno fértil para la secularización que convierte los sacramentos en meros festejos de consumo. De la misma forma, como hace un tiempo se pusieron de moda las falsas bodas en Argentina, en las que las personas pagaban su entrada para celebrar una fiesta y se simulaba el sacramento con actores.
El auge de las «no-Communions» no es una anécdota: es la señal de una cultura que prefiere la apariencia a la gracia y que vacía de contenido lo más sagrado.
