León XIV justifica que Cupich premie a un político abortista radical y pide valorar «40 años de servicio a Estados Unidos»

León XIV justifica que Cupich premie a un político abortista radical y pide valorar «40 años de servicio a Estados Unidos»

A la salida de Castel Gandolfo, el Papa León XIV respondió a la polémica sobre el premio que el cardenal Blase Cupich otorgará al senador demócrata Richard Durbin, conocido por su historial de apoyo a leyes abortistas. El pontífice declaró primero que no estaba familiarizado con el asunto, para decir a continuación:

“Creo que es importante mirar en conjunto el trabajo que un senador ha hecho durante, si no me equivoco, 40 años de servicio en el Senado de los Estados Unidos. Entiendo la dificultad y las tensiones. Pero como ya he dicho en otras ocasiones, es importante ver las muchas cuestiones relacionadas con la enseñanza de la Iglesia.”

Y añadió:

“Alguien que dice ‘estoy en contra del aborto’ pero está a favor de la pena de muerte no es realmente pro-vida. Alguien que dice ‘estoy en contra del aborto’ pero está de acuerdo con el trato inhumano a los inmigrantes en Estados Unidos, yo no sé si eso es pro-vida. Son cuestiones muy complejas y no sé si alguien tiene toda la verdad sobre ellas, pero pediría ante todo que se respeten unos a otros y que busquen juntos el camino.”

A continuación, la literalidad y el video de la pregunta y respuesta al Papa:

One thing that has become a very, very divisive subject in the U.S. right now is Cardinal (0:07) Cupich giving an award to Senator Durbin. (0:13) So people of faith are having a hard time with understanding that Cupich is pro, or (0:18) rather is for, legalized abortion. (0:21) How would you help people of faith right now decipher that, feel about that, and how do (0:26) you feel about that? (0:28) I’m not terribly familiar with the particular case.

 I think that it’s very important to look at the overall work that the Senate has done (0:39) during, if I’m not mistaken, 40 years of service in the United States Senate. (0:45) I understand the difficulty and the tensions, but I think, as I myself have spoken in the (0:51) past, it’s important to look at many issues that are related to what is the teaching of (0:56) the church. (0:57) Someone who says I’m against abortion but says I’m in favor of the death penalty is not (1:02) really pro-life.

(1:03) So someone who says that I’m against abortion but I’m in agreement with the inhuman treatment (1:11) of immigrants for the United States, I don’t know if that’s pro-life. (1:14) So they’re very complex issues. (1:17) I don’t know if anyone has all the truth on them, but I would ask first and foremost that (1:22) there be greater respect for one another and that we search together both as human (1:28) beings, in that case as American citizens or citizens of the state of Illinois, as well (1:34) as Catholics to say we need to really look closely at all of these ethical issues and (1:40) to find the way forward as church. Church teaching on each one of those issues is very clear. Thank you very much.

 

Pregunta:
«Una cosa que se ha convertido en un asunto muy, muy divisivo en Estados Unidos ahora mismo es que el cardenal Cupich dará un premio al senador Durbin. Los fieles están teniendo dificultades para comprender que Cupich es pro, o más bien está a favor del aborto legal. ¿Cómo ayudaría usted a los fieles a entender esto, a cómo deben sentirse al respecto? ¿Y cómo se siente usted?»

Respuesta del Papa:
«No estoy muy familiarizado con el caso en particular. Creo que es muy importante mirar el conjunto del trabajo que el senador ha realizado durante, si no me equivoco, 40 años de servicio en el Senado de Estados Unidos.
Entiendo la dificultad y las tensiones, pero creo, como ya he dicho en el pasado, que es importante mirar muchos temas relacionados con la enseñanza de la Iglesia. Alguien que dice “estoy contra el aborto” pero “estoy a favor de la pena de muerte” no es realmente provida. Y alguien que dice “estoy contra el aborto” pero “estoy de acuerdo con el trato inhumano de inmigrantes en Estados Unidos”, yo no sé si eso es provida.
Son cuestiones muy complejas. No sé si alguien tiene toda la verdad sobre ellas. Pero pediría, ante todo, que haya mayor respeto mutuo y que busquemos juntos, como seres humanos, en este caso como ciudadanos americanos o ciudadanos del estado de Illinois, así como católicos, mirar de cerca todos estos asuntos éticos y encontrar el camino hacia adelante como Iglesia. La enseñanza de la Iglesia sobre cada uno de esos temas es muy clara. Muchas gracias.»

Estas palabras, en las que el Papa equipara el aborto con la pena capital y otros problemas sociales, y en las que relativiza la cuestión apelando a “décadas de servicio” político, han encendido las alarmas porque introducen falacias que diluyen la enseñanza moral de la Iglesia.

Por cierto, curioso que, para no estar familiarizado con el asunto, sepa perfectamente el tiempo que lleva Durbin en el Senado de los Estados Unidos. Quizá sí conoce el asunto, más de lo que afirma conocerlo.

La falacia de confundir los planos morales

El Papa, al justificar que un senador pro-aborto pueda recibir un premio eclesial por su “trayectoria completa”, incurre en una falacia muy peligrosa: desplaza el debate de lo esencial a lo accesorio. Introducir cuestiones como la pena de muerte o la inmigración para relativizar el aborto es un sofisma que introdujo el cardenal Bernardin, arzobispo de Chicago y predecesor de Cupich, al que el Papa ya había citado en Chiclayo como autoridad moral. La Iglesia siempre ha enseñado que la defensa de la vida inocente tiene un peso cualitativamente distinto a otros asuntos sociales. Colocar todos los temas en el mismo plano es diluir el principio jerárquico de los valores morales y abrir la puerta a un relativismo pastoral devastador.

Lea también: El discurso de Prevost sobre la teoría que Cupich invoca para premiar abortistas

La ligereza con la pena de muerte

La afirmación de que “quien se opone al aborto pero apoya la pena de muerte no es realmente pro-vida” desconoce la tradición doctrinal de la Iglesia. Durante siglos, la pena capital fue considerada un recurso legítimo del poder civil en defensa del bien común, y así lo reconoció incluso el Catecismo de la Iglesia Católica hasta su reciente modificación. Equiparar el aborto —que mata a inocentes indefensos— con la pena capital —aplicada a culpables después de un proceso judicial, y vigente hasta hace pocos años en el Vaticano— es una falsificación histórica y teológica. Es grave que un Papa trivialice de ese modo una materia que ha sido tan cuidadosamente matizada por la doctrina.

El riesgo de legitimar al político abortista

Decir que debe evaluarse “el conjunto” de la labor de un político, incluyendo “cuarenta años de servicio”, es introducir una lógica utilitarista en el corazón de la moral católica. Ningún bien social puede borrar la mancha de apoyar leyes que permiten el asesinato sistemático de los no nacidos. Justificar que un político con un historial radicalmente pro-aborto sea homenajeado por un cardenal es traicionar la enseñanza de san Juan Pablo II en Evangelium Vitae, donde se afirma que la vida inocente es un valor no negociable. Es un discurso que, en la práctica, da cobertura a la cultura de la muerte bajo el ropaje de una visión supuestamente “integral”.

El debilitamiento de la voz de la Iglesia

Mientras numerosos obispos de Estados Unidos han tenido la valentía de denunciar públicamente este premio, las palabras del Papa operan en dirección contraria: minimizan la gravedad del escándalo y desacreditan a los pastores que, fieles a la doctrina, han buscado evitar la confusión de los fieles. El resultado es una Iglesia dividida, donde la claridad moral cede al cálculo político y la fidelidad se convierte en motivo de enfrentamiento. La voz profética que debería resonar con firmeza frente al aborto queda sofocada bajo un discurso ambiguo que mezcla verdades con falacias.

Un retroceso doctrinal grave

Las declaraciones de León XIV no cambian formalmente la doctrina, pero en el terreno pastoral y mediático suponen un retroceso gravísimo. Envía al mundo el mensaje de que el aborto es un tema más en un catálogo de cuestiones sociales, y no la herida sangrante que clama al cielo. La confusión de categorías morales, la manipulación de ejemplos y la ligereza con que se despacha la tradición de la pena de muerte revelan un modo de hablar imprudente e injusto. Para quienes esperan del Papa luz y claridad, resulta doloroso comprobar que en lugar de confirmar en la fe, se abre la puerta a la confusión.

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