El arzobispo Iannone, nuevo prefecto del Dicasterio para los Obispos
El carmelita italiano dirigía hasta ahora el Dicasterio para los Textos Legislativos.
El Papa León XIV nombró este viernes al arzobispo Filippo Iannone como nuevo prefecto del Dicasterio para los Obispos, el nombramiento más importante de su pontificado hasta la fecha, informó The Pillar.
Iannone, carmelita italiano que desde 2018 se desempeñaba como prefecto del Dicasterio para los Textos Legislativos, cubre así la vacante creada en mayo cuando el cardenal Robert Francis Prevost, anterior prefecto, fue elegido Papa León XIV.
El prelado, de 67 años, será también presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, según comunicó la Santa Sede el 26 de septiembre. Asumirá el nuevo cargo el próximo 15 de octubre.
Trayectoria
Según cuenta The Pillar, Iannone profesó sus votos perpetuos en la Orden del Carmen en 1980 y fue ordenado sacerdote en 1982. Ejerció como vicario judicial y vicario general de la archidiócesis de Nápoles antes de ser nombrado obispo auxiliar en 2001. En 2009 pasó a ser obispo de Sora-Aquino-Montecorvo, en la región italiana del Lacio.
En 2012 fue nombrado vice-regente de la diócesis de Roma, convirtiéndose en el tercero en la jerarquía diocesana, tras el Papa y el cardenal vicario. El cardenal Agostino Vallini le pidió expresamente como colaborador por su capacidad como canonista y su ética de trabajo.
En ese cargo, Iannone tuvo que afrontar cuestiones canónicas relacionadas con el hospital Istituto Dermopatico dell’Immacolata, envuelto en un sonado caso de corrupción y bancarrota.
En 2017 fue nombrado secretario adjunto del entonces Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, y un año después sucedió al cardenal Francesco Coccopalmerio como presidente del organismo. Durante su etapa, Iannone se opuso a los intentos de reforma radical del Código de Derecho Canónico promovidos por el cardenal Gianfranco Ghirlanda, SJ, consejero cercano al Papa Francisco.
A diferencia de muchos otros responsables de dicasterios, Iannone no fue creado cardenal.
Postura ante el Camino Sinodal Alemán
Iannone ha sido crítico con el llamado “Camino Sinodal” alemán (2019-2023). En septiembre de 2019, una carta del cardenal Marc Ouellet a los obispos alemanes iba acompañada de un informe jurídico de cuatro páginas firmado por Iannone, en el que advertía que muchas de las cuestiones debatidas no podían ser decididas por una Iglesia particular sin contravenir lo indicado por el Papa.
“La sinodalidad en la Iglesia no es sinónimo de democracia ni de decisiones por mayoría”, escribió entonces, recordando que incluso en un Sínodo de Obispos en Roma corresponde al Pontífice presentar los resultados. “El proceso sinodal debe desarrollarse en una comunidad estructurada jerárquicamente”.
Responsabilidad en cuestiones de abusos
Iannone también supervisó la revisión de 2023 de Vos estis lux mundi, el documento papal que regula los procedimientos para investigar a obispos acusados de abusos o negligencia, y desempeñó un papel clave en la elaboración del nuevo Libro VI del Código de Derecho Canónico sobre sanciones penales.
En octubre de 2024 intervino tras un controvertido caso de abusos que enfrentó a la Secretaría de Estado y al Dicasterio para la Doctrina de la Fe en torno al sacerdote argentino Ariel Alberto Príncipi, condenado y laicizado por abusos a menores en su país. Una orden firmada por monseñor Edgar Peña Parra había intentado su restitución al estado clerical mediante un procedimiento “extraordinario”.
Iannone explicó en entrevista oficial que la Secretaría de Estado puede intervenir como transmisora de decisiones de otros dicasterios, pero subrayó que los casos de abusos corresponden en exclusiva a la Doctrina de la Fe. Apuntó, además, que una revisión “en forma de misericordia” solo puede ser encargada por el Papa, sugiriendo así que Francisco intervino personalmente en el caso.
Confirmaciones en el Dicasterio
La Santa Sede anunció asimismo el 26 de septiembre que el arzobispo brasileño Ilson de Jesus Montanari continuará como secretario del Dicasterio para los Obispos y el sacerdote Ivan Kovač como subsecretario, ambos por un nuevo quinquenio.
Iannone asumirá oficialmente su cargo el 15 de octubre.
Silere Non Possum hace también un analisis editorial del nombramiento de Iannone:
León XIV comienza revelarse: la nominación del Prefecto del Discasterio de Obispos
Han bastado ciento cuarenta y un días para que León XIV imprima a su pontificado un primer sello decidido de gobierno. No un discurso, sino una designación. Y no cualquier designación: el Papa ha elegido comenzar precisamente por el Dicasterio para los Obispos, ese organismo que él mismo lideró desde el 12 de abril de 2023 hasta su elección al trono pontificio. Una decisión que habla por sí sola, más que mil palabras: Prevost no ha buscado figuras externas a la Curia, sino que ha preferido valorar a quien, durante el pontificado anterior, tuvo que tragarse no pocos sinsabores.
El nombre elegido es el del arzobispo Filippo Iannone, O. Carm., canonista napolitano, hasta hoy Prefecto del Dicasterio para los Textos Legislativos. Figura de ley y equilibrio, Iannone es un hombre que durante los años de Francisco aprendió a dar un paso atrás: absorber los golpes y guardar silencio. No por falta de sintonía personal con el Pontífice reinante, sino porque en esa etapa hablar de normas y derecho implicaba arriesgarse a parecer un cuerpo extraño. «Aquí no ha llegado nada», solía responder a las solicitudes de aclaraciones provenientes tanto de la Ciudad del Vaticano como del resto de la Iglesia católica. Incluso los textos de las nuevas disposiciones —que cambiaban constantemente, a veces de un día para otro— no llegaban al examen del Consejo Pontificio. La aversión del Papa argentino al código, a los esquemas y a los procedimientos era conocida. Así, Iannone, aunque ascendido a liderar el Consejo Pontificio de Textos Legislativos, quedó relegado a los márgenes, confinado a un sector que el Pontífice consideraba secundario, casi un adorno.
Hoy, en cambio, las cartas se barajan de nuevo. León XIV ha decidido confiar a un canonista —no alguien externo, sino un hombre de la Curia— la responsabilidad de proponer al Papa los futuros obispos. Es un gesto contundente que deja entrever un estilo de gobierno.
Pocos pasos, con calma
Filippo Iannone asumirá el cargo el 15 de octubre de 2025, tomando las riendas del Dicasterio para los Obispos y de la Pontificia Comisión para América Latina. En paralelo, León XIV ha confirmado ad aliud quinquennium al actual Secretario del Dicasterio, monseñor Ilson de Jesus Montanari, junto con monseñor Ivan Kovač, quien permanecerá como Subsecretario.
Esta decisión también revela el estilo de Prevost. La relación con Montanari nunca fue sencilla: durante su mandato como prefecto, el Secretario a menudo lo pasaba por alto, prefiriendo dirigirse directamente a Santa Marta para obtener lo que deseaba. Con Francisco, Montanari gozaba de una relación más fluida que con Prevost. No sorprende, entonces, que al salir León XIV de la Capilla Sixtina, Montanari no llevara el solideo rojo de cardenal electo, y nadie se sorprendió por ello.
Sin embargo, a diferencia de su predecesor, León XIV no se deja guiar por rencores o revanchas. Su línea es otra: actuar con calma, sin sacudidas bruscas. Primero se cambia al prefecto, luego vendrá el resto.
Del derecho a la elección de los pastores
Para comprender el sentido de la designación, hay que mirar el recorrido de Iannone. Nacido en Nápoles en 1957, ingresó muy joven a los Carmelitas, se formó en la Lateranense y en la Sacra Rota, y es un canonista puro, un hombre criado entre códigos y tribunales eclesiásticos. Defensor del vínculo, vicario judicial, profesor de derecho canónico, abogado rotal: su currículum es un compendio del mundo jurídico de la Iglesia. Pero junto a esto, también tuvo experiencias pastorales: obispo auxiliar de Nápoles, luego de Sora-Aquino-Pontecorvo, y vicegerente de la diócesis de Roma. Es un hombre que conoce las dificultades de la Iglesia y las problemáticas del gobierno.
Durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, fue reconocido y valorado. Fue Juan Pablo II quien lo convirtió en el obispo más joven de Italia en 2001. Fue Benedicto XVI quien lo llamó a Roma como vicegerente. Luego, con Francisco, llegó la presidencia del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, que con Praedicate Evangelium se convirtió en un verdadero dicasterio. Pero en esa etapa, dominada por la idea de que el derecho debía ceder ante la pastoral, el rol de Iannone quedó opaco, poco visible. Sin embargo, Praedicate Evangelium había trazado un perfil altísimo para el dicasterio que dirigía: interpretación auténtica de las leyes, vigilancia sobre prácticas ilegítimas, promoción del derecho canónico, apoyo a las conferencias episcopales. Todos tareas cruciales que, sin embargo, a menudo quedaron en un cajón debido al estilo del Pontífice reinante, que prefería decidir solo.
Con León XIV, el escenario cambia radicalmente. La elección de confiar la dirección del Dicasterio para los Obispos a un canonista no es casual: el mensaje es inequívoco. No más improvisaciones, sino reglas; no más favoritismos, sino criterios transparentes. Desde el inicio, el nuevo Pontífice dejó claro que no replicará el “método Bergoglio”. En la selección de obispos, se retorna a un proceso ordenado: el prefecto, junto con el aparato del Dicasterio, realiza investigaciones, recoge opiniones, escucha a sacerdotes de las diócesis de origen y de las que podrían recibir a los nuevos pastores; finalmente, presenta al Papa los nombres de los candidatos. El Pontífice, a su vez, no es un titiritero que elige por capricho, sino el último en evaluar y decidir.
Es el fin de una era de improvisaciones y prácticas cuestionables, cuando bastaba un vínculo con el círculo de Santa Marta para obtener una diócesis. Se cierra el tiempo de los llamados “Puglia bella” o “Basilicata bella”, reservorios de los que se extraía no por méritos, sino por amistades y favores, tal vez garantizados por quienes llegaban con el regalo de pasta fresca a las cocinas del albergue.
El Dicasterio para los Obispos: corazón pulsante de la Curia
El Dicasterio que Iannone se prepara a liderar es uno de los más delicados. Las normas de Praedicate Evangelium lo describen con precisión: debe ocuparse de la constitución de las diócesis, la designación de los obispos y su formación, apoyar a los pastores en el gobierno, organizar las visitas ad limina, vigilar la unidad y el buen funcionamiento de las Iglesias particulares, e incluso involucrar al pueblo de Dios en la elección de candidatos. En otras palabras, es el corazón pulsante de la Curia. Aquí se decide quién guiará a las comunidades católicas del mundo. Y, por tanto, se define también el rostro futuro de la Iglesia: si tendrá obispos atentos a la doctrina o dispuestos al compromiso, si serán padres solícitos con sus sacerdotes o administradores despóticos, si serán pastores de oración o gerentes de diócesis, si tendrán coraje profético o inclinación a la mediocridad.
Una designación como programa de gobierno
La designación de hoy, por tanto, no es un detalle burocrático, sino un acto programático. León XIV ha elegido comenzar por aquí, y no por casualidad. Porque de la calidad de los obispos depende todo: la catequesis, la liturgia, la vida sacramental, la gestión de los recursos, la cercanía a los pobres, la defensa de la fe. Un episcopado débil genera comunidades desorientadas. Un episcopado fuerte, justo y arraigado, en cambio, se convierte en un signo de esperanza. En una era en la que la Iglesia parece perdida, fragmentada, a veces incluso doblegada a las modas del momento, la elección de colocar a un hombre de derecho al frente de las designaciones aparece como una respuesta precisa: no se salva con la improvisación, sino con la seriedad, la competencia y el respeto por las reglas.