El rey malabarista: entre los “derechos reproductivos” y el Monasterio de Leyre

El rey malabarista: entre los “derechos reproductivos” y el Monasterio de Leyre
A* Jesús Garzaron F* 2025_09_26 T* Los Reyes de España, Don Felipe VI y Doña Letizia, visitan junto con su hija Leonor, la Princesa de Asturias y de Viana, el Monasterio de Leyre. L* Leyre, Navarra.
En apenas unos días, Felipe VI ha dejado ver las dos caras de una misma estrategia: la que combina la adhesión al discurso dominante de la modernidad liberal y la reivindicación solemne de las raíces históricas y religiosas de España.En Nueva York, desde el atril solemne de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el monarca español proclamó que nuestro país es referente en la defensa de los llamados “derechos sexuales y reproductivos”, fórmula internacional que —como es sabido— sirve de eufemismo para presentar la legalización y promoción del aborto como un “avance” en materia de libertades.
El Rey se jactó de que España está en la vanguardia de esa agenda global que vacía de hijos las cunas, pero llena de consignas los discursos diplomáticos.

Y, sin apenas tiempo para digerir esas palabras, la Casa Real trasladó la escena a Navarra, al Monasterio de Leyre, panteón de los primeros reyes del antiguo Reino de Navarra y cuna espiritual de la monarquía hispánica.
Allí, Felipe VI, acompañado de la reina Letizia y de la princesa Leonor —en su primer viaje a Navarra como Princesa de Viana— rindió homenaje a la tradición, depositando flores ante los sepulcros reales mientras resonaba el himno nacional y cantos gregorianos.
El contraste no puede ser más elocuente: de la ONU al monasterio, del aplauso de las cancillerías al recogimiento de la cripta románica.

El arte del malabarismo

La Casa Real ha convertido esta tensión en un arte del malabarismo: un día, la Corona se muestra como campeona de las banderas más modernas del liberalismo global; al siguiente, como depositaria fiel de los símbolos que nos recuerdan nuestra continuidad histórica.
Una de cal y otra de arena. El palo y la caricia. La muceta y la fiducia.

¿Es esto unidad? ¿O más bien un espejismo hipócrita?
En la práctica, lo que vemos no es tanto la encarnación de una síntesis como la supervivencia mediante el malabarismo: decir a cada foro lo que quiere oír, y dejar que los símbolos hablen donde las palabras no pueden pronunciarse.

Dos mensajes, una sola Corona

La Corona reivindica así, casi en la misma semana, el aborto como derecho universal y la tradición católica de Navarra como raíz de nuestra identidad.
Un mismo reinado que oscila entre la vanguardia ideológica y la memoria sacralizada.

Quizá haya quienes lo vean como sabiduría política, otros como oportunismo. Pero lo que no puede negarse es la astucia de esta Casa Real, que busca sostenerse ofreciendo a cada público su propio reflejo. El problema de los espejismos es que la gente se cansa, el problema del malabarismo es que las bolitas terminan cayendo.

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