Según un estudio publicado por LifeSiteNews, los sacerdotes que expresan mayor aprobación hacia el Papa Francisco son también más proclives a justificar la práctica homosexual, en abierta contradicción con la enseñanza constante de la Iglesia.
El investigador Lucas Sharma, utilizando datos de la Survey of American Catholic Priests (2020-2021), concluyó que “la aprobación del Papa Francisco está negativamente asociada con la creencia de que el sexo homosexual es siempre malo”.
Factores que influyen en la fidelidad a la doctrina
El estudio detectó otros elementos que condicionan la posición moral de los sacerdotes sobre la homosexualidad. Entre los factores que favorecen la adhesión a la doctrina católica tradicional figuran:
- Haber sido ordenado en fechas recientes.
- Mantener posiciones políticas conservadoras.
- No manifestar atracción hacia personas del mismo sexo.
- Practicar una religiosidad tradicional, medida en la frecuencia del rezo del Oficio Divino, obligación marcada por el derecho canónico.
Los datos revelan que sacerdotes jóvenes, conservadores y fieles a la oración litúrgica son los más firmes defensores de la enseñanza católica. En contraste, los sacerdotes religiosos —más que los diocesanos— mostraron mayor propensión a relativizar la inmoralidad de los actos homosexuales.
Una doctrina inmutable frente a la ambigüedad papal
La Iglesia enseña que los actos homosexuales son “intrínsecamente desordenados” y constituyen un pecado grave. Sin embargo, el pontificado de Francisco transmitió a muchos católicos la impresión de que se trata de un asunto secundario o incluso ambiguo.
El Papa aleentó esta percepción al apoyar las uniones civiles entre homosexuales y al aprobar las bendiciones de parejas del mismo sexo mediante la declaración Fiducia supplicans, decisiones que contradicen la Sagrada Escritura y el magisterio perenne.
Consecuencias en la vida eclesial
Tras estas señales, numerosos sacerdotes justificaron públicamente uniones y bendiciones homosexuales invocando el respaldo del Papa. A ello se suma la cercanía de Francisco con promotores del activismo LGBT, como el jesuita James Martin, y declaraciones ambiguas como el célebre “¿Quién soy yo para juzgar?”, frase que muchos interpretaron como una aprobación tácita de la práctica homosexual.
El estudio confirma que esta ambigüedad ha tenido efectos directos: a mayor apoyo a Francisco, menor fidelidad al magisterio en cuestiones de moral sexual.
Críticas teológicas y correcciones necesarias
Ante estas desviaciones, teólogos, académicos y prelados se han visto en la necesidad de recordar públicamente la doctrina para contrarrestar la confusión. En particular, señalaron como errores graves la aprobación de uniones civiles homosexuales y la afirmación de que se puede recibir la comunión en estado de pecado mortal.
