Pregunta:
Dos de los temas más polémicos que surgieron del Sínodo sobre la sinodalidad, en cuanto al debate que generaron, fueron el papel de la mujer en la Iglesia y el enfoque de la Iglesia hacia la comunidad LGBTQ+. ¿Cuáles fueron sus reflexiones sobre la discusión de estos dos temas y cómo los abordará ahora en su nuevo rol como papa?Respuesta del Papa León XIV:
De una manera sinodal. Para la mayoría de la gente, ciertamente está la comprensión de que el papel de la mujer en la Iglesia tiene que seguir desarrollándose. Creo que en ese sentido hubo una respuesta positiva. Espero seguir los pasos de Francisco, incluyendo la designación de mujeres en algunos roles de liderazgo, en diferentes niveles, en la vida de la Iglesia, reconociendo sus dones y su contribución de muchas maneras.La cuestión se convierte en un tema polémico cuando se hace la pregunta específica sobre la ordenación. El sínodo había hablado específicamente de la ordenación, quizá, de mujeres diaconisas, que ha sido una cuestión que se ha estudiado durante muchos años. Ha habido diferentes comisiones nombradas por distintos papas para decir: ¿qué podemos hacer al respecto? Creo que seguirá siendo un problema. Yo, por el momento, no tengo la intención de cambiar la enseñanza de la Iglesia sobre el tema. Pienso que hay algunas preguntas previas que deben hacerse.
Solo un pequeño ejemplo. A principios de este año, cuando se celebró el Jubileo para los diáconos permanentes, obviamente todos hombres, estaban también presentes sus esposas. Tuve la catequesis un día con un grupo bastante grande de diáconos permanentes de habla inglesa. El idioma inglés es uno de los grupos donde están mejor representados, porque hay partes del mundo que nunca promovieron realmente el diaconado permanente, y eso, en sí mismo, se convirtió en una pregunta: ¿por qué hablaríamos de ordenar a mujeres al diaconado si este en sí mismo aún no se entiende correctamente y no se ha desarrollado y promovido adecuadamente dentro de la Iglesia? ¿Y cuáles son las razones para eso? Así que, aunque pienso que hubo una inspiración significativa en la época del Concilio cuando se reinstauró el diaconado permanente, no se ha convertido, en muchas partes del mundo, en lo que creo que algunas personas pensaron que sería. Por lo tanto, creo que hay algunas preguntas que deben hacerse en torno a ese tema.
También me pregunto, en términos de un comentario que hice en una de las conferencias de prensa en las que participé en el sínodo, en términos de lo que a menudo se ha identificado como clericalismo en las estructuras actuales de la Iglesia: ¿querríamos simplemente invitar a las mujeres a clericalizarse, y qué ha resuelto eso realmente? Quizá hay muchas cosas que deben ser examinadas y desarrolladas en este momento antes de que podamos realmente llegar a hacer las otras preguntas.
Así es como veo las cosas en este momento. Ciertamente, estoy dispuesto a seguir escuchando a la gente. Existen estos grupos de estudio, como el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que continúan examinando el trasfondo teológico, la historia, de algunas de esas preguntas, y caminaremos con eso y veremos qué resulta.
El punto más llamativo de la respuesta es la expresión: “Yo, por el momento, no tengo la intención de cambiar la enseñanza de la Iglesia sobre el tema”. En un político, la frase se entiende: se aplaza la decisión, se deja abierta la puerta a un cambio futuro. Pero en un Papa, dicha en el marco de la doctrina, encierra un error de concepción.
Esa forma de hablar sugiere que la enseñanza de la Iglesia es algo disponible, revisable según las circunstancias y la voluntad del pontífice. Es decir, como si no existiera un depósito de la fe transmitido, sino un programa papal que se puede actualizar con cada sucesor.
La tradición enseña que el Papa no es dueño de la fe, sino su garante. No puede decir “por el momento” respecto a verdades definitivas. La carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis (1994) de san Juan Pablo II zanjó la cuestión de la ordenación de mujeres con una fórmula definitiva: la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferirla. No es materia disponible.
El problema del “por el momento” es que introduce contingencia donde debería haber certeza, expectativa de cambio donde debería reinar la claridad.
Consecuencias pastorales
- Los fieles perciben que lo que hoy es doctrina mañana puede dejar de serlo.
- Los grupos de presión leen la frase como un “todavía no” que legitima sus campañas.
- La autoridad magisterial se presenta como un programa mutable, y no como la roca firme de Pedro.
La cuestión no es semántica, es eclesiológica. El Papa no está llamado a administrar una agenda doctrinal “por el momento”, sino a custodiar el depósito recibido. Cuando habla de la enseñanza como si dependiera de su decisión personal y temporal, transmite una visión errada del ministerio petrino.
La Iglesia no necesita ambigüedad política, sino la claridad del Evangelio: “Sí, sí; no, no”. Todo lo demás —y más en boca de Pedro— proviene de la confusión.