El Vaticano impresiona al mundo con el despliegue técnico y musical de “Grace for the World”

El Vaticano impresiona al mundo con el despliegue técnico y musical de “Grace for the World”
El sábado 13 de septiembre de 2025 la Plaza de San Pedro acogió el concierto “Grace for the World”, cierre del III Encuentro Mundial sobre la Fraternidad Humana. La cita, que desde fuera generó debates sobre si se trataba de un acto de apertura cultural o de mundanización de lo sacro, en la experiencia de los asistentes tuvo un carácter inequívocamente religioso y evangelizador. Durante dos horas se escucharon constantes referencias a Dios, a Jesucristo y al sentido sagrado del lugar, acompañadas de agradecimientos al papa.El programa fue variado y reunió a artistas de gran proyección mundial. Cantaron Karol G, Pharrell Williams, John Legend y Clipse, entre otros, junto al lirismo de Andrea Bocelli y la solemnidad del coro de la diócesis de Roma, dirigido por un monseñor. Lejos de lo que algunos temían, no hubo discursos políticos ni mensajes polémicos: la música, las palabras y hasta la puesta en escena buscaron centrarse en Cristo o en mensajes positivos, con letras limpias y vestimenta respetuosa.

Momentos especialmente conmovedores fueron la interpretación del Ave Maria en latín, mientras los drones trazaban en el cielo imágenes de Jesús y María sobre el telón de fondo de la basílica de San Pedro, y la versión compartida de Amazing Grace. Incluso artistas conocidos por estilos lejanos a lo sacro abordaron con sinceridad la experiencia de la fe: Karol G habló de cómo Dios la ayudó a sanar y de su necesidad de apoyo divino; Clipse cantó sobre el dolor por la pérdida de sus padres y la fe necesaria para afrontarlo.

El despliegue de 3.500 drones impresionó por su magnitud técnica y su simbolismo, al dibujar no solo rostros y símbolos religiosos, sino también transmitir un mensaje espiritual en perfecta sincronía con la música. La centralidad de Cristo se reforzó con la participación de un cardenal y de un sacerdote que ofrecieron breves intervenciones, marcando la diferencia respecto de un espectáculo puramente cultural.

Aunque no todos los artistas presentes sean referentes de la vida cristiana, el tono general fue de respeto y reverencia, convirtiendo la velada en una proclamación del Evangelio a millones de personas en directo y a través de la retransmisión. Para algunos críticos puede quedar la tensión sobre hasta qué punto la Iglesia debe valerse de lenguajes culturales modernos, pero lo cierto es que aquella noche San Pedro fue escenario de una evangelización masiva: dos horas de alabanza a Dios desde voces que habitualmente resuenan en otros entornos.

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