Paraguay abre oficialmente la causa de beatificación de Mons. Pedro Shaw, el misionero que se hizo chaqueño

Paraguay abre oficialmente la causa de beatificación de Mons. Pedro Shaw, el misionero que se hizo chaqueño

La Arquidiócesis de Asunción ha abierto oficialmente la causa de beatificación y canonización de Mons. Pedro Shaw, conocido en todo Paraguay como “Pa’i Puku”. El edicto publicado el 4 de septiembre de 2025 por el Arzobispado marca el inicio formal de este proceso, que busca verificar la fama de santidad de un pastor que entregó su vida al Chaco paraguayo. La noticia llega en el marco del centenario de su nacimiento, celebrado el 6 de septiembre de este año, y confirma el profundo arraigo de su figura en la fe del pueblo.

Infancia y vocación misionera

Pedro —o Piet, como se lo conocía en Bélgica— nació el 6 de septiembre de 1925 en Gante, hijo de Gustaaf Edmond Constant Shaw y Mathilda de Andriessens. Fue el tercero de cinco hermanos: José, María, Pablo y Teresa. Toda la familia era profundamente católica, y desde niño manifestó su deseo de ser misionero. Realizó sus estudios en el Colegio Sint Lievens de Amberes, y al terminar se presentó a la Congregación de los Oblatos de María Inmaculada (OMI), conocida por su dedicación a las misiones difíciles.

El 7 de septiembre de 1945 tomó los hábitos en el noviciado OMI en Korbeek-Lo, realizando su primera profesión religiosa en 1946. Estudió filosofía entre 1946 y 1948, y teología entre 1948 y 1951 en el escolasticado de Gijzegen y el 30 de septiembre de 1951 fue ordenado sacerdote por el obispo Karel-Justinus Calewaert de Gante.

Llegada al Chaco y nacimiento de Pa’i Puku

El 8 de marzo de 1952 recibió obediencia para trabajar en el Vicariato del Pilcomayo, y llegó a Paraguay el 16 de diciembre de ese mismo año. En enero de 1953 se trasladó a Benjamín Aceval, en el Bajo Chaco, desde donde trabajó como misionero itinerante hasta 1965, visitando estancias y comunidades indígenas. Su manera de vivir, de vestir, de hablar y de compartir la vida del pueblo chaqueño lo convirtió en uno más entre ellos, y así nació su apodo popular: “Pa’i Puku”, el “cura grande”.

En 1962 concibió la idea de fundar un nuevo centro apostólico en el Chaco. Con la donación de un terreno en el kilómetro 128 de la Ruta Transchaco, levantó una escuela-internado para los niños chaqueños. El 1 de junio de 1965 abrió sus puertas con 25 alumnos, once de ellos internos. Allí Pa’i Puku se estableció como párroco del Centro María Medianera hasta 1973.

Pastor en Puerto Elsa y obispo del Pilcomayo

En 1973 fue designado párroco de Puerto Elsa (actual Nanawa), un pueblo fronterizo frente a Asunción, donde gran parte de la población vivía del contrabando. Su labor pastoral en medio de una realidad social difícil fue un testimonio de cercanía y de firmeza evangélica.

El 21 de febrero de 1981 fue nombrado Vicario Apostólico del Pilcomayo y consagrado obispo el 22 de abril de ese año. Su episcopado fue breve, pero marcó profundamente a la Iglesia del Chaco, al punto de consolidar su fama de santidad entre los fieles.

Muerte y legado

El 21 de junio de 1984, a los 58 años, murió trágicamente en un accidente de tránsito en el kilómetro 28 de la Ruta Transchaco, en la zona de Remansito, cuando se dirigía a cumplir con su misión pastoral. Fue sepultado en la antigua Catedral San Miguel de Mariscal Estigarribia, sede del Vicariato. El lugar de su muerte se convirtió en sitio de peregrinación y oración, y su recuerdo sigue vivo en el pueblo paraguayo.

Apertura de la causa

El edicto del Arzobispado de Asunción invita a los fieles a presentar testimonios, documentos y escritos atribuidos a Mons. Shaw que puedan ayudar al tribunal en el discernimiento. Permanecerá expuesto en la Catedral Metropolitana durante tres meses. El proceso cuenta con el respaldo de la Congregación de los Oblatos y del pueblo fiel, que considera a Pa’i Puku como un modelo de santidad sencilla, encarnada y profundamente cercana a la gente.

La apertura de la causa de beatificación de Pa’i Puku es un paso histórico para la Iglesia en Paraguay. Su vida resume la vocación misionera en su forma más radical: dejarlo todo para hacerse uno con el pueblo al que se sirve. Su ejemplo interpela hoy a una Iglesia llamada a salir, a encarnarse en las periferias y a ofrecer el Evangelio con sencillez y fidelidad.

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