El mauriciano Rajesh Mohur, quien fue el cuidador y acompañante de Carlo Acutis durante años en Milán, ha concedido una entrevista a un medio de su país natal «Lexpress.mu». Sus respuestas son especialmente valiosas para conocer de cerca la vida cotidiana del nuevo santo y el impacto que tuvo en su entorno. Rajesh se convirtió al catolicismo por el ejemplo de Carlo, al que veía cada día adorar la Eucaristía y ejercer una caridad concreta con los más necesitados. Reproducimos íntegra la entrevista traducida por Infovaticana.
¿Cómo se preparan los católicos de Italia para la canonización de Carlo?
Muchos católicos de Italia habrían querido viajar a Roma para participar en la canonización, pero no todos podrán hacerlo. Muchos seguirán la retransmisión de la misa por televisión. Sin embargo, numerosos peregrinos italianos no dejan de desfilar ante la tumba de Carlo, donde su cuerpo está expuesto en la iglesia de Santa Maria Maggiore, también conocida como el Santuario de la Spogliazione, en Asís. Participan regularmente en las procesiones, sobre todo los jóvenes.
¿Qué siente respecto a esta canonización?
Estoy muy contento de que Carlo sea canonizado. Es un orgullo para mí. También pienso que es un ejemplo para el mundo, especialmente para los jóvenes. Esta canonización les permitirá descubrir su vida y les mostrará que deben seguir sus pasos.
¿Qué recuerdos conserva de Carlo?
Italia fue una tierra de acogida para mí. Trabajé y conocí a la familia de Carlo a través de una agencia de empleo. Cuando fui a su domicilio para la entrevista y toqué el timbre, fue Carlo quien me abrió. Inmediatamente me tomó de la mano y me llevó con sus padres. La entrevista debía durar media hora, pero se prolongó varias horas porque Carlo me llevó al salón y sacó todos sus juguetes para mostrármelos. Luego pidió a su madre si podía invitarme a cenar. Ella estaba sorprendida, sobre todo porque habían acudido varias niñeras cualificadas a la entrevista y él no había hecho lo mismo con ellas. Carlo replicó que yo era su zucchero —su “azúcar”— y que yo iba a acompañarlo todos los días a la escuela. Eso me conmovió enormemente. Al mirarlo, era como un pequeño ángel. Así comenzó nuestra historia común.
¿Qué es lo que más le marcó de Carlo?
Era un niño de un entorno acomodado, pero no llevaba una vida lujosa ni se sentía tentado por lo material. Vivía con sencillez y, cuando le daban dinero por Navidad, su cumpleaños o Pascua, no lo gastaba: lo ahorraba. Los fines de semana salíamos a pasear por los jardines y, en cuanto veía a pobres, tomaba sus ahorros y los compartía con ellos. Iba a adorar la Eucaristía todos los días.
Háblenos de su conversión.
Desde que dejé Mauricio, estaba en búsqueda espiritual, sentía un vacío interior aunque practicaba el hinduismo. Tras conocer a Carlo, todo cambió. Él siempre quería detenerse en la iglesia para adorar la Eucaristía antes de ir al colegio. Yo me quedaba a unos metros y lo observaba: se ponía delante del sagrario como si alguien lo esperara allí; guardaba silencio, como en una conversación muda. Me explicó que Dios está presente en el tabernáculo —cuerpo, sangre y alma— y que nuestra generación es afortunada: hace dos mil años los discípulos recorrían kilómetros para encontrar a Jesús; hoy basta entrar en la iglesia más cercana. Me explicó la importancia de la Eucaristía: en comunión con el Señor iremos al Paraíso, encontraremos a la Virgen y a los santos; si abrimos el corazón a Dios, no hay tentaciones; al participar en la misa y hacer la primera comunión, la vida cambia.
Sus palabras y sus obras me llevaron a la conversión. Se preocupaba por los pobres y les daba limosna. Un día vio a un indigente durmiendo en un cartón; no quería ir a la escuela de la preocupación. Al volver a casa, entregó a su madre el dinero de su cumpleaños para comprarle un saco de dormir; además pidió que se le diera una comida diaria, que yo preparaba, y se la llevábamos juntos. Hizo amistad con trabajadores emigrantes del barrio: no distinguía por raza o nacionalidad, no ponía barreras. Muchos de ellos acudieron llorando a su funeral.
Sentí que el vacío de mi corazón empezaba a llenarse y pedí el bautismo. La madre de Carlo me compró DVD sobre Cristo, la Virgen y los santos; Carlo me explicaba la Biblia de forma extraordinaria. Hice dos años y medio de catequesis y sus padres fueron mi madrina y padrino. Carlo me dijo que el día de mi bautismo sería grande porque estaría en contacto perpetuo con el Señor, Él obraría en mi vida y todo cambiaría. Y así fue.
¿Pensó en regresar a Mauricio tras la muerte de Carlo?
Estaba muy desanimado porque le tenía mucho afecto y ya no quería vivir en la casa familiar llena de recuerdos. Un día se me apareció en un sueño y me dijo que no me desanimara, que no me había dejado, que velaba por mí y lo haría siempre. Me dijo que no temiera a la muerte porque después está la eternidad en el Paraíso; que, si seguía los mandamientos y ponía a Dios primero, iría al Paraíso.
¿Sabía, en vida, que sería canonizado?
Cuando le descubrieron la leucemia fulminante y supo que iba a morir, dijo a su madre que deseaba ser enterrado en Santa Maria Maggiore, en Asís. En sueños le anunció que sería siervo de Dios, beatificado y canonizado; previó todas esas etapas. También le dijo que después de su fallecimiento ella tendría gemelos, y así fue. Su cuerpo intacto al abrir la tumba es un regalo al mundo. Carlo tenía las cualidades de un santo: gran corazón por los niños pobres, ayudaba a compañeros retrasados en los estudios; si sabía de un divorcio en la familia de un amigo, lo invitaba a casa, le regalaba una Biblia y le recomendaba rezar asegurándole que todo iría bien.
¿Le habló usted a Carlo de Mauricio?
Le enseñé criollo y le hice aprender y cantar Larivier Tanie. No imaginaba que eso sería útil un día a mis compatriotas, que ahora pueden hablarle y rezarle en criollo. En momentos difíciles, invóquenlo y comuníquense con él en criollo. Le hablé mucho de Mauricio y pensó en venir, pero el Señor dispuso otra cosa. Su canonización debe ser un orgullo para los mauricianos: ahora tienen un Santo que entiende el criollo y sabe cantar Larivier Tanie. Carlo es un santo para Mauricio.
¿Cuál fue el mensaje de Carlo que más ha conservado?
Decía que la gente vive momentos difíciles porque se ha alejado de Dios, y que la felicidad no está en el dinero, la droga ni las cosas materiales, sino en la Eucaristía: allí están todas las respuestas. Yo hice la experiencia de Dios real en la Eucaristía. El mensaje que guardo de él se dio el día de mi bautismo: al salir, los padres de Carlo quisieron hacerme un gran regalo llevándome a un prestigioso restaurante chino de Milán. Le dije a Carlo que era un bonito regalo para ambos, y él me recordó que el regalo más hermoso que había recibido era el bautismo.
