Carlo Acutis o la urgencia de tener un santo de nuestra generación

Carlo Acutis o la urgencia de tener un santo de nuestra generación

A primera vista, puede parecernos un gesto superficial obsesionarnos con tener un santo “de nuestra generación”, un referente juvenil que hable el mismo lenguaje que los adolescentes de hoy. Podría interpretarse como un intento de “aggiornamento” mal entendido: ofrecer un santo con el que identificarse más por estética que por profundidad. El ejemplo de Carlo Acutis, presentado en muchos ambientes como el “patrono de los millennials” o “el influencer de Dios” puede generar esa impresión.

Sin embargo, si profundizamos en el sentido de la canonización en la Iglesia, descubrimos que el reconocimiento de santos generacionalmente próximos no es una idea frívola. Desde los tiempos de los primeros mártires, el pueblo cristiano ha necesitado ejemplos concretos, arquetipos que sirvan de modelo para vivir la fe en medio de las circunstancias de cada época. Junto a la certeza de que los santos interceden por nosotros, la Iglesia reconoce también su valor pedagógico y pastoral: necesitamos rostros, historias y biografías que encarnen el Evangelio en contextos históricos y lugares muy distintos.

Santa Teresita y Carlo Acutis: arquetipos generacionales

Lo que sucede hoy con Carlo Acutis no es, por tanto, una novedad. La historia nos ofrece paralelos claros. Uno de los más elocuentes es Santa Teresa del Niño Jesús. Su proceso de beatificación y canonización fue inusualmente rápido para la época: beatificada en 1923 y canonizada por Pío XI apenas dos años después. ¿Por qué tanta premura? Porque su vida sencilla y profundamente evangélica se convirtió en un modelo inmediato para una generación marcada por la Primera Guerra Mundial y, poco después, por persecuciones religiosas en países como España o México. Teresita ofreció a esos jóvenes un arquetipo de santidad cercana, comprensible y plenamente inserta en el contexto cultural de finales del siglo XIX e inicios del XX.

La Iglesia, por tanto, no se limita a “reconocer” la santidad, sino que también responde pastoralmente a las necesidades de los tiempos. Y si a principios del siglo XX fue necesario dar un modelo de santidad sencilla y accesible, ¿cómo no hacerlo hoy, cuando la transformación cultural y tecnológica avanza a una velocidad desconocida en siglos anteriores?

El cambio de época: de la revolución de la era digital

Es innegable que la humanidad ha experimentado más cambios en las últimas décadas que en muchos siglos anteriores. Entre un campesino sumerio y un campesino europeo de principios del siglo XX la vida cotidiana no varió tanto como entre nuestros abuelos y nosotros. La revolución industrial y, más tarde, la revolución digital transformaron radicalmente la forma en que vivimos, nos relacionamos y buscamos la verdad.

En este contexto, Carlo Acutis representa lo mismo que Santa Teresita en su época: un santo arquetípico que encarna la fe en un mundo en rápida mutación. Lo particular de Carlo es que su encuentro con Cristo se dio a través de los mismos medios que marcan nuestra generación: Internet y la cultura digital.

Un santo que buscó en Google

Carlo, que hoy tendría 34 años, creció en una familia de tradición católica pero poco practicante. Su acercamiento a la fe no fue lineal ni heredado sin más: investigó, buscó, se dejó interpelar por los contenidos que circulaban en la naciente red digital. Según testimonios cercanos, fue precisamente a través de los vídeos sobre milagros eucarísticos donde comenzó a descubrir la centralidad del Misterio de la Eucaristía.

No es un detalle trivial ni anecdótico. Al contrario, tiene una fuerza simbólica inmensa: un adolescente que, en un mundo hiperconectado, descubre la fe no a través de teorías vagas o esoterismos, sino del núcleo mismo del cristianismo: Cristo vivo en la Eucaristía.

La vida de Carlo muestra además que este impacto inicial no se quedó en curiosidad superficial. Al profundizar en la adoración eucarística, descubrió la caridad, la misión con los pobres, la alegría de evangelizar y la sencillez del servicio cotidiano. Su santidad es un testimonio de cómo la gracia puede penetrar en los nuevos lenguajes de la cultura sin diluirse, sino iluminándolos.

La necesidad de modelos próximos

Algunos podrían objetar que insistir en Carlo como “santo millennial” corre el riesgo de reducirlo a un eslogan de marketing religioso. Y ciertamente, no deberíamos quedarnos en la caricatura. Lo esencial no es que fuera un adolescente con camiseta y ordenador portátil, sino que fue un cristiano auténtico que, en su circunstancia y su contexto, tan parecido al nuestro, encarnó radicalmente el Evangelio.

No debemos desdeñar la necesidad de ejemplos cercanos, comprensibles para nuestro tiempo. El pueblo de Dios necesita mirar tanto a los santos de la historia como a santos que han tenido que “buscar en Google” para encontrarse con Cristo. Ambos testimonios se complementan y enriquecen la experiencia de fe en la Iglesia triunfante y la comunión de los santos.

La canonización de Carlo Acutis no es una concesión superficial al espíritu del tiempo, sino una confirmación de la catolicidad de la Iglesia: el mismo Evangelio que transformó la vida de los mártires romanos o de los grandes doctores medievales puede también florecer en la vida de un adolescente que navegaba por Internet buscando confirmar su fe.

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