En la Asamblea anual de la Asociación de Sacerdotes Católicos de Estados Unidos (AUSCP), celebrada en San Antonio (Texas) bajo el lema “Sexualidad y espiritualidad: enfoques pastorales”, se escucharon declaraciones abiertamente contrarias a la moral católica: sacerdotes admitieron ser homosexuales, defendieron la masturbación e incluso llegaron a presentarla como “una forma de oración”. Todo ocurrió con el respaldo de los cardenales Blase Cupich, Robert McElroy y Wilton Gregory, sin que hubiera correcciones ni objeciones.
Grabaciones obtenidas por el Lepanto Institute revelan cómo en las sesiones de la AUSCP, lejos de reafirmar la enseñanza católica sobre la sexualidad, se formularon afirmaciones escandalosas.
“Cuando yo me masturbo, rezo y digo: ‘gracias, Dios’. Creo que es un momento de oración. No lo veo como algo negativo. Es parte de la vida, como la comida o la edad. Y pienso que es un modo de decir: ‘Señor, gracias por esta hermosa expresión de nuestra sexualidad’”.
Otro participante reconoció públicamente su condición homosexual y sugirió que la masturbación puede funcionar como una válvula de escape que evite violencias mayores:
“Como gay que no lo supo hasta años más tarde, vivir reprimiendo ese deseo me estaba llevando al suicidio. Creo que negar la masturbación lleva a algunos hombres a explotar en violencia, incluso en tiroteos masivos. Puede ser una válvula de escape necesaria”.
El propio padre Ron Rolheiser, profesor de teología en la Oblate School of Theology y encargado de abrir la Asamblea, relativizó la enseñanza católica sobre la gravedad de estas conductas. Ante la cuestión de la masturbación afirmó:
“Históricamente se ha considerado una grave perversión, incluso pecado mortal. Hoy en cambio nuestra cultura la ve como algo natural. Moralmente no se trata de si es pecado o no, sino del nivel al que uno quiera llevar su espiritualidad”.
Rolheiser también negó que el sexo fuera del matrimonio constituyera pecado mortal, calificándolo en cambio de “irresponsabilidad” o incluso de “estupidez cultural”. Respecto a la comunión, llegó a decir:
“Si alguien desea sinceramente comulgar, ese mismo deseo es una señal segura de que no está en pecado mortal”.
El Lepanto Institute, que desde hace años viene alertando sobre la AUSCP, denuncia que en esta organización se promueven agendas contrarias a la fe católica: la ordenación de mujeres, la aceptación de la ideología de género, la absolución general en lugar de la confesión personal y una visión heterodoxa de la Eucaristía.
Su presidente, Michael Hichborn, reaccionó con dureza:
“El audio que recibimos es impactante. Escuchamos sacerdotes admitiendo ser homosexuales, confesando que se masturban y, en un caso, asegurando que agradecen a Dios por ello. Y lo más grave: en la sala había cardenales y obispos, y nadie corrigió estos errores que ponen en peligro la salvación de las almas”.
La presencia de tres cardenales en una asamblea donde se normaliza la masturbación, se relativiza el pecado mortal y se banaliza la comunión sacrílega, constituye un hecho de extrema gravedad eclesial. El silencio ante semejantes declaraciones configura una tolerancia cómplice que erosiona la doctrina católica desde dentro.
En un momento de gran confusión, Roma no puede permanecer pasiva. La Santa Sede debería intervenir con urgencia para investigar y corregir a quienes, revestidos de autoridad, promueven públicamente ideas que contradicen de forma frontal la fe católica. Si no se actúa, el riesgo es que se consolide una corriente clerical que, con apoyo episcopal y cardenalicio, desfigure la enseñanza moral de la Iglesia y conduzca a innumerables fieles al error y a la perdición.
